Por muchos años y en muchas formas, yo, inconscientemente seguía prácticas que iban en contra de la meta que Dios quería que yo alcanzara, la meta de hacer discípulos. Pero gradualmente el Espíritu Santo con su gracia me sacó de mi error. Una cosa que he aprendido es esta: a la luz de la Palabra de Dios, debo cuestionarme todo lo que he aprendido y creído hasta ahora. Más que nada, nuestras tradiciones nos impiden entender lo que Dios dice. Aún peor, estamos muy orgullosos de nuestras tradiciones, convencidos de que pertenecemos a un grupo selecto que posee un mayor conocimiento de la verdad que otros cristianos. Así como dijo un maestro sarcásticamente, “hay 32,000 diferentes denominaciones en el mundo hoy en día. ¿No eres afortunado al ser miembro de la denominación correcta?”
Como resultado de nuestro orgullo, Dios nos resiste, porque Él resiste al soberbio. Si queremos progresar y estar completamente listos para estar frente a Jesús, tenemos que humillarnos. A estas personas Dios les da gracia.
Considerando el Rol de un Pastor
La meta de un ministro de hacer discípulos debe dar forma a cada cosa que hace en su ministerio. Continuamente él debe preguntarse, “¿cómo contribuye lo que hago a hacer discípulos que obedezcan los mandamientos de Jesús?”. Esta simple pregunta, si se hiciera honestamente, eliminaría mucho de lo que se hace bajo el estandarte de la actividad cristiana.
Consideremos el ministerio del pastor/anciano/superintendente,[1] una persona cuyo ministerio la coloca en una iglesia específica. Si esta persona va a formar discípulos que obedezcan los mandamientos de Jesús, ¿cuál debería ser una de sus primeras responsabilidades? Naturalmente, se piensa en la enseñanza. Jesús dijo que los discípulos se hacen por medio de la enseñanza (ver Mateo 28:19-20). Un requisito para un pastor/anciano/superintendente es que sea “apto para enseñar” (1 Timoteo 3:2). Los que “trabajan duro en predicar y enseñar” deben “ser dignos de doble honor” (1Timoteo 5:17).
Por lo tanto, el pastor debe evaluar cada sermón preguntándose, “¿en qué forma este sermón me ayuda en la tarea de hacer discípulos?”
¿Es la responsabilidad de la enseñanza del pastor completa, basándose solamente en su sermón dominical o en aquel de media semana? Si él piensa así, está pasando por alto el hecho de que la escritura indica que la responsabilidad de la enseñanza se completa ante todo con la vida que él viva y el ejemplo que de. Su ministerio de enseñanza pública es un complemento del ejemplo de la enseñanza que nos da su vida diaria. Es por esto que los requisitos para ancianos/pastores/superintendentes tienen mucho más que ver con el carácter y el estilo de vida de la persona, que con sus habilidades de comunicación verbal. De quince requisitos para los obispos anotados en 1 Timoteo 3:1-7, catorce se relacionan con el carácter y sólo uno con la habilidad de enseñar. De los dieciocho requisitos mencionados para los ancianos en Tito 1:5-9, diecisiete están relacionados con el carácter y uno con la habilidad de enseñar. Pablo primeramente le recuerda a Timoteo, “Se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12, énfasis agregado). Él dijo después, “Entre tanto que voy, ocúpate de la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13). Es por esto que el ejemplo del carácter de Timoteo fue mencionado antes que su ministerio de enseñanza pública, subrayando su gran importancia.
En una forma similar a esto, Pedro escribió:
“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo, anciano también con ellos y testigo de los padecimientos de Cristo que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto, no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.” (1 Pedro 5: 1-3, énfasis agregado).
¿Quién nos inspira a negarnos a nosotros mismos y a obedecer a Cristo? ¿Aquellos cuyos sermones admiramos, o aquellos cuyas vidas admiramos? Los pastores con un estilo suave y sin compromiso no inspiran a nadie a llevar su cruz. Si tales pastores predican ocasionalmente un mensaje de compromiso con Cristo, han de predicar con simples generalidades, porque de otra forma su audiencia cuestionaría su sinceridad. La mayoría de los grandes líderes cristianos del pasado no son recordados por sus sermones, sino por sus sacrificios. Su ejemplo nos inspira, aún cuando ya se han ido.
Si un pastor no está dando un ejemplo de obediencia como un verdadero discípulo de Jesús, él está perdiendo su tiempo con sus sermones. Pastor, tu ejemplo habla diez veces más alto que tus sermones. ¿Estás inspirando a la gente a negarse a ellos mismos y a seguir a Cristo, negándote a ti mismo y siendo seguidor de Cristo?
¿Pero cómo puede un pastor, con el ejemplo de su estilo de vida, enseñarle a su congregación, si solamente le conocen como el orador del domingo en la mañana? Lo más cercano que pueden ver de su estilo de vida, es un apretón de manos de cinco segundos cuando salen de la iglesia. Tal vez hay algo que no está del todo bien en el modelo del pastor moderno.
El Sermón Semanal del Domingo en la Mañana
El pastor asume incorrectamente si piensa que la responsabilidad de su enseñanza es fundamentalmente el dar conferencias públicas semanales. El ministerio de la enseñanza de Jesús consistía no sólo en sus sermones públicos (que en su mayoría parece que eran muy cortos), sino también en sus conversaciones privadas que eran iniciadas por las indagaciones de sus discípulos. Además, estas conversaciones no eran limitadas a una media hora de un día a la semana en una iglesia, sino que ocurrieron a lo largo de playas, en casas, y caminando por calles de tierra, ya que Jesús vivió su vida en función de sus discípulos. El mismo modelo de enseñanza fue seguido por los apóstoles. Después de Pentecostés, los doce enseñaron “en el templo y de casa en casa” (Hechos 5:42, énfasis agregado). Ellos tenían diaria interacción con la comunidad de los creyentes. Pablo también enseño “públicamente y por las casas” (Hechos 20:20, énfasis agregado).
En este momento, si tú eres pastor, puedes estar comparando tu ministerio de enseñanza con el de Jesús y los primeros apóstoles. Tal vez ya te estás preguntando si lo que estás haciendo, es lo que Dios quiere que hagas, o si sólo estás haciendo lo que aprendiste por cientos de años de tradiciones en las iglesias. Si te estás preguntando esto, es algo bueno. Este es el primer paso en la dirección correcta.
Tal vez has ido más lejos. Quizás te has dicho a ti mismo, “¿cuándo encontraré el tiempo necesario requerido por este ministerio, enseñando a la gente casa por casa o involucrándoles en mi vida diaria para influenciarles fundamentalmente con mi ejemplo?” Ahora esta es una pregunta maravillosa, porque te llevará a preguntarte si hay algo aún más errado con el concepto moderno del rol de pastor.
Tal vez tú has pensado de ti mismo, “No estoy seguro de que quiera vivir todo el tiempo tan cerca de las personas de la iglesia. A mi me enseñaron en la escuela dominical que el pastor no debe de acercarse mucho a su congregación. Él debe de guardar cierta distancia para mantener su respeto profesional. Él no puede ser un amigo cercano de ellos”.
Tales pensamientos revelan que algo está verdaderamente mal con la forma en que las cosas se hacen en la iglesia moderna. Jesús era tan cercano a sus discípulos, que hasta uno de ellos recostó su cabeza en el pecho de Jesús en la última cena (ver Juan 13:23-25).
Literalmente vivieron juntos por varios años. ¡Suficiente con eso de mantener una distancia profesional con nuestros discípulos para ministrarlos exitosamente!
Una Comparación de Métodos, Antiguos y Modernos
Si la meta es obedecer a Jesús y hacer discípulos, ¿no sería sabio seguir sus métodos para hacer discípulos? Pues a Él le funcionaron muy bien. También estos métodos fueron de gran ayuda para los apóstoles que siguieron a Jesús.
Pero ¿con qué eficacia están trabajando los métodos modernos para hacer discípulos obedientes a todos los mandamientos de Cristo? Cuando los estudios acerca de los cristianos estadounidenses, por ejemplo, muestran repetidamente que no existe una clara diferencia entre los estilos de vida de los cristianos comparándolos con los no cristianos, es porque tal vez es tiempo de hacernos algunas preguntas y reexaminar la Escritura.
Aquí hay una pregunta que debemos hacernos: ¿ Cómo fue que la iglesia primitiva tuvo tanto éxito en hacer discípulos sin tener ningún edificio para la iglesia, entrenamiento profesional, escuela bíblica y seminarios, himnos y proyectores de pantalla, micrófonos inalámbricos y grabadoras, planes de estudio para escuela dominical y ministerios para jóvenes, grupos de alabanza y coros, computadoras y máquinas de fotocopiado, emisoras de radio cristianas, canales de televisión cristianos, cientos de miles de libros cristianos y Biblias personales? Ellos no necesitaron estas cosas para hacer discípulos, ni tampoco Jesús. Debido a que estas cosas no fueron esenciales en aquel tiempo, no son esenciales ahora. Estos pueden ser de gran ayuda, pero no esenciales. Inclusive muchas de estas cosas pueden y de hecho nos apartan del objetivo de hacer discípulos. Déjeme darle dos ejemplos.
Primero consideremos el método moderno de tener sólo pastores entrenados en escuelas bíblicas o seminarios para guiar a las iglesias. Esto era un concepto desconocido para Pablo. En algunas ciudades donde él fundó iglesias, luego de hacerlo se iba por varias semanas o meses y regresaba para nombrar ancianos para supervisarlas (ver, por ejemplo, Hechos 13:14-14:23). Esto quiere decir que estas iglesias, sin la presencia de Pablo, por algunas semanas o meses no tenían un liderazgo de ancianos formal, y que la mayoría de los ancianos eran creyentes recién convertidos que Pablo nombraba. No contaban con una educación formal de dos a tres años que los preparara para su trabajo.
De esta manera, la Biblia enseña que los pastores/ancianos/superintendentes no necesitan dos o tres años de educación formal para tener un ministerio efectivo. Nadie puede contradecir este hecho inteligentemente. Sin embargo, el requisito moderno envía continuamente un mensaje a cada creyente: “Si quieres ser un líder en la iglesia, necesitas dos años de educación formal.[2] Esto hace más lenta la creación de líderes, lo cual retrasa el proceso de hacer discípulos, que a su vez retrasa la expansión de la iglesia. Me pregunto, ¿ Qué tan saturado tendrían su mercado las compañías norteamericanas Avon y Amway si enviaran a cada uno de sus vendedores con sus familias a mudarse a otra ciudad para recibir tres años de entrenamiento antes de que sean capaces de vender un jabón o un perfume?
“Pero pastorear es una tarea muy difícil y compleja” algunos dirían. “la Biblia dice que no debemos poner a un nuevo convertido a supervisar a otro” (ver 1 Timoteo 3:6).
Primero, examinemos la definición de un nuevo convertido, que claramente es diferente a la definición de Pablo, porque él designaba a personas que sólo tenían unos meses de ser creyentes, para cargos de anciano, pastor o superintendente.
Segundo, una razón por la que al pastor moderno se le hace tan difícil y complejo el pastorear, es porque todo nuestro modelo de estructura de ministerio e iglesia es muy diferente al modelo bíblico. Lo hemos hecho tan complejo, que ¡sólo unos cuantos super-humanos pueden sobrevivir estas demandas!
“¡Pero Dios no lo permita que una iglesia fuera dirigida por alguien sin una educación en una escuela bíblica o seminario!”. Otros dirían, “un líder sin entrenamiento puede llevar su rebaño a una falsa enseñanza”. Esto aparentemente no preocupaba a Pablo. El hecho es que hoy en día contamos con clérigos entrenados en escuelas bíblicas y seminarios que no creen en el nacimiento virginal de Jesús, que aprueban la homosexualidad, que enseñan a la gente que Dios quiere que todos tengamos autos de lujo, que enseñan que Dios ha predestinado a algunas personas a ser condenadas, y que dicen sin pestañear, que uno puede ir al cielo sin obedecer a Cristo. Los seminarios y escuelas bíblicas modernas frecuentemente han servido para aumentar las falsas doctrinas, y el clérigo profesional las ha aumentado todavía más.
Los “plebeyos” que están en la iglesia tienen miedo de desafiarlos, porque los profesionales han estado en seminarios y pueden tener más “textos de prueba”. Aún más, estos profesionales han definido y dividido sus iglesias del resto del cuerpo de Cristo por sus doctrinas peculiares, hasta el punto de promoverlas con los nombres que ponen al frente de sus iglesias enviando un mensaje al mundo que dice: “Nosotros no somos como esos otros cristianos”. Además de esto, ellos etiquetan a cualquiera que no esté de acuerdo con su intachable y contradictoria doctrina con el nombre de “Divisor”. La Inquisición está muy viva y sana, dirigida por hombres con títulos. ¿Es este el ejemplo que Jesús quiere que se establezca de parte de aquellos que supuestamente están haciendo discípulos y que son conocidos en el mundo por su amor al prójimo?
Ahora, los cristianos escogen las iglesias basados en sus doctrinas particulares y el tener la teología correcta se ha convertido en lo más importante en vez de tener un estilo de vida correcto, todo esto porque el modelo bíblico se ha abandonado.
Una Alternativa Bíblica
¿Puedo yo abogar por creyentes de tres meses de convertidos y darles algún cargo de liderazgo en la iglesia (como lo hizo Pablo)? Sí, pero sólo si estos creyentes tienen los requisitos bíblicos para ancianos o líderes, y sólo si a ellos se les da el cuidado de iglesias que sigan el modelo bíblico. Esto es, estas iglesias deben ser, ante todo, grupos con poco tiempo de fundados, sujetos a un ministro con fundamento maduro, como un apóstol, que podrá supervisarles.[3] De esta forma, estos nuevos ancianos no estarán del todo solos.
Segundo, las congregaciones deben de ser pequeñas para que se puedan reunir en casas, como la iglesia primitiva. [4] Esto hace que la iglesia sea más manejable. Probablemente por esto es que uno de los requisitos para los ancianos u obispos es que manejen exitosamente sus propias casas (ver 1 Timoteo 3:4-5). El manejar una “casa de fe” no es más desafiante que manejar una familia.
Tercero, la congregación debe consistir de gente que ha respondido a un arrepentimiento acorde con el evangelio bíblico, y que por lo tanto son genuinos discípulos del Señor Jesucristo. Esto elimina los desafíos que surgen de tratar de pastorear ovejas que en realidad son cabritos.
Y cuarto, los pastores, ancianos o superintendentes deben cumplir más con su papel bíblico que con su papel cultural. Esto quiere decir que no deben aferrarse a una posición de total importancia y ser el centro de todo, como sucede en las iglesias modernas.[5] Al contrario, sólo deben ser partes pequeñas de todo el cuerpo, servidores humildes que enseñan con su ejemplo y preceptos, cuya meta es hacer discípulos, no sólo predicando los domingos en la mañana, sino siguiendo los métodos de Jesús.
Cuando se sigue este modelo, entonces algunos creyentes de tres meses de convertidos podrán ser líderes en las iglesias.
Un Edificio llamado Iglesia
¿Qué podemos decir acerca de los edificios llamados iglesias? Son, sin duda, algo “esencial” hoy día, pero la iglesia primitiva no tuvo necesidad de ellos. ¿Ayudan estos edificios al proceso de hacer discípulos?
Cuando yo era pastor, frecuentemente me sentía más como un corredor de bienes raíces, banquero, contratista general y como un recolector de fondos profesional. Yo había soñado con edificios, buscado edificios, remodelado edificios, rentado edificios, construí nuevos edificios y los reparé cuando Dios mandaba su lluvia a través de las goteras. Los edificios consumen mucho tiempo y energía. La razón por la que yo me involucré tanto en estos edificios era porque yo tenía la certeza, como muchos otros pastores, que no había forma de tener éxito sin un edificio, un lugar para que la gente se reuniera.
Los edificios también consumen dinero, mucho dinero. (En los Estados Unidos, algunas congregaciones gastan diez millones de dólares en sus edificios).
Después de que cumplí mis sueños acerca del edificio, empecé a soñar con el día en que la hipoteca de mi edificio se cancelaría, y así podría utilizar este dinero para el ministerio. Una vez, mientras estaba enseñando a mi congregación a tener una buena mayordomía del dinero y salir de deudas, me di cuenta que yo había puesto a toda la congregación en una gran deuda junto conmigo por el edificio (ciertamente yo estaba enseñando con mi ejemplo).
La mayoría de edificios para iglesias se usan una o dos veces por semana, ¿Qué otra organización en el mundo entero construye edificios que se van a usar por tan poco tiempo? (respuesta: Sólo sectas y religiones falsas).
Este desperdicio de dinero causa muchos problemas. Un pastor con un gran edificio siempre necesitará una gran cantidad de dinero, y esto afecta lo que él hace. Se siente tentado a gratificar a los adinerados (que generalmente ofrendan sin ningún sacrificio), a comprometer la enseñanza para que no ofenda a algunos, y a veces a torcer la Escritura con el fin de que ésta se ajuste a sus necesidades. Sus sermones giran alrededor de temas que no obstaculicen el flujo del dinero con el fin de aumentar los ingresos. Por esto algunos cristianos comienzan a pensar que los aspectos más importantes para ser un creyente son (1) Pagar los diezmos (lo que Jesús dijo que era un mandamiento menor) y (2) asistir a la iglesia (donde se recogen los diezmos semanalmente). Difícilmente este es el panorama para hacer discípulos. Sin embargo, hay muchos pastores que sueñan con tener una congregación en la que todos hagan únicamente estas dos cosas. Si un pastor tuviera una congregación donde por lo menos la mitad de la gente hiciera estas dos cosas, ¡podría escribir libros y vender sus secretos a millones de pastores!
Los hechos revelan esto: En ninguna parte del libro de los Hechos se habla de congregaciones comprando o construyendo edificios. En su mayoría, los creyentes se reunían en casas.[6] Nunca hubo colectas de fondos para edificios. No hay ninguna instrucción acerca de la construcción de edificios en las Epístolas dirigidas a las iglesias. Es más, nadie pensó en construir un edificio para la iglesia hasta después de que la cristiandad había existido por trescientos años, cuando la iglesia se unió al mundo por un decreto de Constantino. ¡Trescientos años!, ¡piense qué período de tiempo tan largo es este! y en ese tiempo la iglesia floreció y se multiplicó exponencialmente, aún en tiempos de persecución intensa, y todo eso sin edificios. Este fenómeno se repitió varias veces en los siglos que siguieron. Ha sucedido en China recientemente. Probablemente hay alrededor de más de un millón de iglesias en las casas en China.
Once de la Mañana del Domingo, Es la Hora Más Segregada
Las iglesias con servicios modernos que copian el modelo estadounidense, se espera que tengan, como mínimo, bastante espacio dividido para proveer lugar para los diferentes ministerios de todas las edades. Sin embargo en la iglesia primitiva, no se escuchaba de ministerios especiales para hombres, mujeres y niños de todas las edades. La iglesia era unida en todo sentido, no fragmentada en todo sentido. La familia se mantenía junta y la responsabilidad espiritual de los padres era reforzada por la estructura de la iglesia en vez de desgastada como sucede bajo la estructura de la iglesia moderna.
¿Ayuda un edificio de iglesia a hacer discípulos o a obstaculizar el desarrollo de éstos? Históricamente, a través de los siglos el hacer discípulos ha sido más exitoso sin estas construcciones, por muchas buenas razones.
Reunirse en las casas como lo hizo la iglesia primitiva en los primeros trescientos años, en donde una comida con gozo, la enseñanza, los cantos y los dones espirituales se compartían probablemente de tres a cinco horas, proveía el ambiente necesario para un genuino crecimiento espiritual de los creyentes. Los miembros del cuerpo de Cristo se sentían como participantes cuando se sentaban uno frente al otro, al contrario de la iglesia moderna donde los miembros se sienten como espectadores en un teatro, sentados y mirando la espalda del que esta al frente, mientras tratan de no perderse el espectáculo en el escenario. La atmósfera casual, con una cena sencilla les llevaba a la transparencia, a una relación de auténtico cuidado y a un verdadero compañerismo, lo cual no se compara con el “compañerismo” moderno, que es prácticamente un saludo de manos con completos extraños que se sientan en la siguiente banca cada vez que el pastor sugiere que se haga.
Las enseñanzas eran más bien sesiones de preguntas y respuestas y discusiones abiertas, en vez de charlas dadas por aquellos que usaban singulares vestimentas, hablaban con voces teatrales y se colocaban muy por encima de una audiencia atenta (pero a menudo aburrida). Los pastores no preparaban “un solo sermón semanalmente”. Cualquiera (incluyendo ciertamente ancianos/pastores/superintendentes) podía recibir una enseñanza que el Espíritu Santo le diera.
Cuando una casa se llenaba de gente, los ancianos no pensaban en obtener un edificio más grande, al contrario ellos sabían que tenían que dividir las reuniones en dos casas, y esto sucedía sólo conociendo la mente del Espíritu para saber donde sería la nueva reunión y quien podría ayudar y proveer la supervisión de ésta. Afortunadamente ellos no tenían que recolectar hojas de vida de extraños o de teóricos del crecimiento de las iglesias para escudriñar sus doctrinas; ellos ya tenían aspirantes a superintendentes alrededor de ellos, quienes tenían entrenamiento para su trabajo y que conocían los miembros de su futura y pequeña manada. Esta nueva iglesia en la casa tenía la oportunidad de alcanzar evangelísticamente una área nueva y demostrar a los no creyentes lo que los cristianos eran, personas que se amaban mutuamente. Podían invitar a los no creyentes a sus reuniones tan fácil como invitarlos a una cena.
El Pastor bendecido
Ningún pastor/anciano/superintendente de una iglesia en la casa sufría de “agotamiento” ministerial por las responsabilidades pastorales, algo que se oye hoy en día en la iglesia moderna. (Un estudio reportó que 1,800 pastores están dejando el ministerio por mes en los Estados Unidos). El ministro a cargo de la iglesia en una casa tenía sólo un rebaño pequeño y si su rebaño suplía sus necesidades financieras, de modo que el ministerio fuera su vocación, él de hecho tenía tiempo para orar, meditar, predicar el evangelio a los no creyentes, ayudar al pobre, visitar y orar por el enfermo, y pasar bastante tiempo formando nuevos discípulos para que hicieran todas las cosas que él hacía. La administración de la iglesia era muy simple.
Él trabajaba en unidad con los otros ancianos/pastores/superintendentes en su región. No existía la necesidad de tener “la iglesia más grande del pueblo” o competir con sus compañeros pastores para ver quien tenía “el mejor ministerio de jóvenes” o “el mejor programa para los niños en la iglesia”. La gente no iba a las iglesias para juzgar qué tan bueno era el grupo de alabanza o cuánto entretenía el pastor. Ellos habían nacido de nuevo y amaban a Jesús y a su gente. Ellos amaban el comer juntos y compartir los dones que Dios les había dado. Su meta era obedecer a Jesús y estar preparados para estar de pie ante el trono de Su juicio.
De seguro había problemas en las iglesias en casas, como lo indican las Epístolas. Pero muchos de los problemas que inevitablemente llegan a las iglesias modernas y obstaculizan la formación de discípulos no existían en la iglesia primitiva, simplemente porque su modelo de iglesia local era tan diferente al que surgió después del tercer siglo y desde la Edad Media. De nuevo, permítase entender este hecho: No existieron edificios para las iglesias hasta el comienzo del cuarto siglo. Si hubieras vivido durante los primeros tres siglos, ¿Cómo se diferenciaría tu ministerio del que tienes ahora?
En resumen, entre más nos acerquemos a los modelos bíblicos, más efectivo será el alcanzar la meta de Dios de hacer discípulos. El gran impedimento para un discipulado en las iglesias hoy en día, se debe a las prácticas y estructuras no bíblicas.