Eres bienvenido a copiar, imprimir, distribuir o transmitir estos documentos de cualquier forma, mientras que los documentos no sean para la venta, no sean alterados y mantengan su significado original completo. © por David Servant
Capítulo Ocho
El Sermón del Monte
Debido a su
deseo de hacer discípulos, enseñándoles a obedecer todo lo que Jesús ordenó, el
ministro que hace discípulos estará muy interesado en el Sermón del Monte de
Jesús. No existe un sermón de Jesús más largo que éste del que tengamos
conocimiento y está lleno de sus mandamientos. El ministro formador de
discípulos querrá obedecer todo lo que Jesús ordenó en éste sermón, a la vez
que también enseñar a sus discípulos.
Al aceptar lo
anterior, voy a compartir con ustedes lo que yo entiendo acerca de este sermón
escrito en Mateo capítulos 5-7. Motivo a los ministros a enseñar el Sermón del
Monte verso por verso. Espero que lo que haya escrito le pueda ayudar en esto.
Vamos a
encontrar a continuación un resumen de lo escrito en el Sermón del Monte para
darnos una idea general y resaltar los temas principales.
I.)
Jesús
reúne a su audiencia ( 5:1-2)
II.)
Introducción
( 5:3-20)
A.) las características
y bendiciones del bendecido (5:3-12)
B.) Exhortación
para continuar siendo sal y luz (5:13-16)
C.) La relación
de las leyes con los seguidores de Cristo (5:17-20)
III.) El sermón:
sé más justo que los escribas y fariseos (5:21-7:12)
A.) amarse los
unos a los otros, no como los escribas y fariseos (5:21-26)
B.) Se puro
sexualmente, no como los escribas y fariseos (5:27-32)
C.) Se honesto,
no como los escribas y fariseos (5:33-37)
D.) No tomes
venganza, como lo hacen los escribas y fariseos (5:38-42)
E.) No odies a
tus enemigos, como lo hacen los escribas y fariseos (5:43-58)
F.) Haz el bien
con los motivos correctos, no como los escribas y fariseos (6:1-18)
1.) dar al pobre
por los motivos correctos (6:2-4)
2.) orar con los
motivos correctos (6:5-6)
3.) un desvío de
acuerdo con la oración y el perdón (6:7-15)
a.) instrucciones
concernientes a la oración (6:7-13)
b.) la necesidad
de perdonarse los unos a los otros (6:8-15)
4.) el ayuno por
los motivos correctos (6:16-18)
G.) No sirvas al
dinero, como lo hacen los escribas y fariseos (6:19-34)
H.) No veas las
pequeñas faltas de tus hermanos (7:1-5)
L.) No pierdas
tu tiempo dando la verdad al que no la aprecia (7:6)
J.) Motivación a
la oración (7:7-11)
IV.) Conclusión:
un resumen del Sermón
A.) un resumen
(7:12)
B.) una
exhortación a obedecer (7:13-14)
C.) Cómo
reconocer los falsos profetas y los falsos creyentes (7:15-23)
D.) Una
advertencia final en contra de la desobediencia y un resumen (7:24-27)
Jesús Reúne a
Su Audiencia (Jesus Gathers His
Audience)
“Viendo la multitud, subió al
monte y se sentó. Se le acercaron sus discípulos, y Él, abriendo su boca, les
enseñaba diciendo:” (Mateo 5:1-2).
Parece que Jesús
a propósito redujo el número de su audiencia al alejarse de la “multitud” y
subir al monte. Se nos dice que “se le acercaron sus discípulos”, indicando que
sólo aquellos que estaban deseosos de escucharle estaban dispuestos a subir y
escalar el monte hasta llegar donde Él estaba. Aparentemente fueron muchos; se
les llama “las multitudes” en el capítulo 7:28.
Entonces Jesús
comenzó su sermón, hablando a sus discípulos, y desde el inicio podemos ver el
tema que este sermón va a tener. Él les dice que ellos serán bienaventurados si
poseen ciertas características, porque estas características pertenecen
solamente a los herederos del cielo. Éste será su tema principal para este
sermón, sólo los santos heredarán el Reino de Dios. Las
bienaventuranzas, como se les llama, se encuentran en el 5:3-12, y hablan
acerca de este tema.
Jesús enumeró
varias características diferentes que distinguían a la gente bienaventurada, y
Él promete un número de bendiciones específicas para ellos. Los lectores
casuales pueden asumir frecuentemente que cada cristiano debe encontrarse a sí
mismo en una y sólo en una bienaventuranza. Sin embargo los lectores cuidadosos
se dan cuenta que Jesús no estaba hablando de diferentes clases de creyentes
que recibirían variedad de bendiciones, sino acerca de todos los verdaderos
creyentes que
recibirían todas estas futuras bendiciones y heredarían el Reino de los Cielos.
No hay otra manera inteligente de interpretar sus palabras:
“Bienaventurados los
pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados
los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos,
porque recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tiene hambre y
sed de justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos,
porque alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán
a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de
ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando por mi causa os
insulten, os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así
persiguieron a los profetas que vivieron antes de vosotros” (Mateo 5:3-12).
Las
Bendiciones y los Rasgos del Carácter (The Blessings and Character Traits)
Primero,
consideremos todas las bendiciones prometidas. Jesús dijo que el bienaventurado
(1) heredará el Reino de los Cielos, (2) recibirá consuelo, (3) heredará la
tierra, (4) será saciado, (5) recibirá misericordia, (6) verá a Dios, (7) será
llamado hijo de Dios y (8) heredará el Reino de los Cielos (una repetición del
#1).
¿Quiere Jesús
hacernos pensar que sólo los pobres de espíritu y los que han sido perseguidos
por causa de la justicia entrarán al Reino de los Cielos? ¿Sólo los puros de
corazón verán a Dios y sólo los pacificadores serán llamados hijos de Dios,
pero no heredarán el Reino de Dios? ¿No recibirán misericordia los
pacificadores y los misericordiosos no serán llamados hijos de Dios?
Indiscutiblemente, estas serían conclusiones erróneas. Por lo tanto, es más
seguro decir y concluir que todas estas bendiciones prometidas son sólo parte
de una gran bendición: heredar el Reino de Dios.
Ahora
consideremos las diferentes cualidades que Jesús describe: (1) el pobre de
espíritu, (2) el que llora, (3) los mansos, (4) los hambrientos de justicia,
(5) los misericordiosos, (6) los puros de corazón, (7) los pacificadores, y (8)
los perseguidos.
¿Nos está
enseñando Jesús que una persona puede ser pura de corazón pero sin misericordia? ¿Puede alguien
ser perseguido por causa de la justicia pero no estar hambriento
y sediento de Justicia? Por supuesto que no. Estas cualidades de los
bienaventurados son las numerosas cualidades, que en cierto grado, comparten
todos los bienaventurados.
Claramente,
las bienaventuranzas describen los rasgos del carácter de los verdaderos
seguidores de Jesús. Al enumerar estas cualidades a sus discípulos, Jesús les
aseguró que ellos eran personas bendecidas que son salvas y que disfrutarían
del cielo algún día. En la actualidad, ellos quizás no se sientan muy
bendecidos debido a sus
sufrimientos, y a los ojos del mundo ellos no serían considerados
bienaventurados, pero a los ojos de Dios, sí.
La gente que no
encaja en esta descripción de Jesús, no será bienaventurada y no heredará el
Reino de los Cielos. Cada pastor que hace discípulos siente la obligación de
asegurarse de que la gente que él dirige sepa esto.
Los
rasgos del carácter de los bienaventurados
(The Character Traits of the Blessed)
Los ocho rasgos
del bienaventurado están sujetos a cierto grado de interpretación. Por ejemplo,
¿qué tiene de virtuoso el ser “pobre de Espíritu”? Yo pienso que Jesús estaba
describiendo la primera cualidad necesaria que cada persona debe poseer para
ser salva. Él tiene que aceptar su pobreza espiritual. La persona primeramente
debe sentir la necesidad de un Salvador antes de ser salva, y ésta era la clase
de persona que sobresalía en la multitud que estaba con Jesús y que había
aceptado su propia desdicha. ¡Qué bienaventurados eran éstos comparados con los
soberbios de Israel que estaban ciegos en su pecado!
Ésta primera
cualidad elimina toda autosuficiencia y cualquier pensamiento de una salvación
merecida. La persona
verdaderamente bienaventurada es aquella que acepta que no tiene nada que
ofrecer a Dios y que su propia justicia es como “trapo de inmundicia” (Isaías
64:6, VRV).
Jesús no quería
que ninguna persona pensara que sencillamente por sus propios esfuerzos podía poseer las cualidades del
bienaventurado. La verdad es que la gente que posee las características del
bienaventurado es bienaventurada por Dios. Todo esto viene de la gracia de Dios.
La gente bienaventurada de la que Jesús estaba hablando era bienaventurada no
sólo por lo que les estaba esperando en el cielo, sino también por las obras
que Dios había hecho en sus vidas aquí en la Tierra. Cuando yo veo las
cualidades del bienaventurado en mi vida, me deben recordar no lo que yo he
hecho, sino lo que Dios ha hecho en mí por medio de su gracia.
El Que Llora
(The Mournful)
Si la primera
característica está escrita de primero, es porque ésta es la primera cualidad
necesaria para heredar el cielo; tal vez la segunda cualidad también está
escrita con un significado especial: “Bienaventurados los que lloran “(Mateo:
5:4). ¿Podría Jesús describir el arrepentimiento y remordimiento de corazón en
este verso? Yo pienso que sí, especialmente cuando la Escritura habla
claramente que la tristeza lleva al arrepentimiento que es tan necesario para
la salvación (ver 2 Corintios 7:10). El recolector de impuestos angustiado, del
que Jesús habló una vez es un ejemplo de este tipo de persona bienaventurada.
Él humildemente inclinó su cabeza en el templo, golpeando su pecho y clamando
por la misericordia de Dios. A diferencia del fariseo, que oraba recordándole a
Dios orgullosamente que él diezmaba y ayunaba dos veces por semana, el
recolector de impuestos salió de ese lugar libre de pecado. En esta historia,
el recolector de impuestos fue bienaventurado; pero el fariseo no (ver Lucas
18:9-14). Yo sospecho que en la audiencia que rodeaba a Jesús había unos que
por la convicción del Espíritu Santo, se sentían afligidos y tristes. Pero
pronto serían confortados por el Espíritu Santo.
Si Jesús no estaba
hablando de la aflicción inicial que tiene la persona que se arrepiente en el
momento que viene a Cristo, quizás Él estaba describiendo el sufrimiento que
tienen todos los verdaderos creyentes cuando continuamente se enfrentan al
mundo que está en rebelión en contra de los que aman a Dios. Pablo expresó esto
como “tristeza y continuo dolor en el corazón” (Romanos 9:2).
Los Mansos (The
Gentle)
La tercera
característica, la mansedumbre, también está en la Escritura como uno de los
frutos del Espíritu (ver Gálatas 5:22-23). La mansedumbre no es un atributo que
uno mismo genera. Aquellos que han recibido la gracia de Dios y la presencia
del Espíritu Santo también son bendecidos con la mansedumbre. Ellos algún día
heredarán la Tierra, pues sólo el justo habitará en la nueva Tierra que Dios
creará. Los cristianos que son ásperos y violentos deben tener cuidado, ya que
no se encuentran entre los bienaventurados.
Los Hambrientos
de Justicia (Hungry for
Righteousness)
La cuarta
característica, hambriento y sediento de justicia, describe el eterno
deseo de justicia que Dios le ha dado a todas las personas que han nacido de
nuevo verdaderamente. A él le preocupa toda la injusticia que hay en el mundo y
le recuerda lo que hay en él. Él odia el pecado (ver Salmos 97:19; 119:128,
163) y ama la justicia.
Con mucha
frecuencia, cuando leemos la palabra justicia en la Biblia,
inmediatamente lo traducimos como “el estandarte legal de justicia designado a
nosotros por Cristo”, pero esta palabra no siempre significa lo mismo. Muchas
veces también esta palabra quiere decir, “la cualidad de vivir justamente
basado en los
estándares divinos”. Esto es naturalmente lo que quería decir Jesús en
ese verso, porque no hay ninguna razón para que el cristiano esté hambriento por
lo que ya posee. Aquellos que han nacido del Espíritu anhelan vivir justamente, y
ellos tienen la seguridad de que “serán saciados” (Mateo 5:6), con la
certidumbre de que Dios, por su gracia, completará la obra que comenzó en ellos
(ver Filipenses 1:6).
Estas palabras
de Jesús también anuncian el tiempo de la nueva tierra; una tierra “en que la
justicia habita” (ver 2 Pedro 3:13). Entonces ya no habrá más pecado. Todos
amarán a Dios con todo su corazón y amarán a su prójimo como a sí mismos.
Nosotros que ahora tenemos hambre y sed de justicia, seremos saciados.
Finalmente, nuestra oración que viene del corazón será completamente contestada
“Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la Tierra” (Mateo 6:10).
El
Misericordioso (The Merciful)
La quinta
cualidad, la misericordia, también está en cada persona que ha nacido de nuevo
y la posee naturalmente por la virtud de tener al Dios misericordioso viviendo
dentro de ella. Aquellos que no poseen misericordia, no son bienaventurados por
Dios y esto revela que ellos no son partícipes de su gracia. El apóstol
Santiago dice: “Porque el juicio sin misericordia se hará con aquel que no haga
misericordia” (Santiago 2:13). Si alguien está ante el juicio de Dios, y es
juzgado sin misericordia, ¿a dónde cree usted que iría, al cielo o al infierno?[1]
La respuesta es obvia.
Jesús una vez
contó una historia de un siervo que había recibido gran misericordia de parte
de su Maestro, pero que no estaba dispuesto a extender misericordia a sus
consiervos. Cuando su maestro descubrió lo que había pasado, él “lo entregó a
los verdugos hasta que pagara todo lo que debía” (Mateo 18:34). La deuda que ya
había sido saldada volvió a él. Luego Jesús advirtió a sus discípulos, “Así
también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón
cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:35). Por esto, el que se niega a
perdonar a su hermano o hermana en Cristo que le haya pedido perdón, no será
perdonado de sus pecados. Esto da como resultado que sea llevado a los verdugos
hasta pagar todo lo que debe. Definitivamente esto no me suena como el paraíso.
De nuevo les digo, la gente sin misericordia no recibirá misericordia de Dios.
No están entre los bienaventurados.
El de Corazón
Puro (The Pure in Heart)
La sexta
cualidad de los herederos del cielo es la pureza de corazón. A diferencia de
muchos que dicen ser cristianos, los verdaderos seguidores de Cristo no sólo
son santos en apariencia. Por la gracia de Dios, sus corazones han sido hechos
puros. Verdaderamente aman a Dios con todo su corazón y esto influencia sus
motivaciones y meditaciones. Jesús prometió que ellos verían a Dios.
Podría preguntar
de nuevo, ¿podríamos nosotros creer que existen verdaderos cristianos creyentes
sin
un corazón puro y que por los tanto no verán a Dios? ¿Les
diría Dios, “Ustedes pueden entrar al cielo, pero nunca me van a ver”? No.
Indiscutiblemente, cada creyente que ha nacido de nuevo en verdad tiene un
corazón puro.
Los
Pacificadores (The Peacemakers)
Los
pacificadores son los siguientes en la lista. Serán llamados hijos de Dios.
Otra vez Jesús estaba describiendo a cada
verdadero seguidor de Cristo, porque cada persona que cree en Cristo es
un hijo de Dios (ver Gálatas 3:26).
Aquellos que han
nacido del Espíritu son pacificadores por lo menos en tres formas:
Primero, ellos
han hecho la paz con Dios, uno que era anteriormente su enemigo (ver Romanos
5:10).
Segundo, en
tanto sea posible, viven en paz con los demás. No se caracterizan por causar
divisiones o pleitos. Pablo dijo que aquellos que andan en enemistades,
pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones y envidias, no heredarían el Reino
de Dios (ver Gálatas 5:19-21). Los verdaderos creyentes caminarán la milla
extra para evitar una pelea y mantener la paz en sus relaciones. No dicen estar
en paz con Dios cuando en realidad no aman a sus hermanos (ver Mateo 5:23-24; 1
Juan 4:20).
Tercero, al compartir el evangelio, los
verdaderos seguidores de Cristo también ayudan a otros a hacer la paz con Dios
y su prójimo. Tal vez, en relación a este verso del Sermón del Monte, Santiago
escribió, “y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la
paz” (Santiago 3:8).
El Perseguido (The Persecuted)
Finalmente,
Jesús llama bienaventurados a aquellos que son perseguidos por causa de la
justicia. Por supuesto, Él estaba hablando de gente que vivía en justicia, no
sólo que creían que la justicia de Dios había sido impuesta a ellos.
Aquellos que obedecen los mandamientos de Cristo son perseguidos por los no
creyentes y, además, heredarán el reino de Dios.
¿De qué clase de
persecución estaba hablando Jesús? ¿Tortura? ¿Martirio? No, específicamente
hablaba de ser insultado y criticado por la causa de Jesús. De nuevo, esto
indica que cuando una persona es un verdadero cristiano, los no creyentes lo
notarán con facilidad, y dirán malas cosas en su contra. ¿Cuántos que se llaman
a sí mismos cristianos no se distinguen de los no creyentes y es por ello que
ningún inconverso habla en su contra? Realmente no son cristianos. Como dijo
Jesús, “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!,
porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Lucas 6:26). Cuando
todos los hombres hablan bien de ti, esto puede ser una señal de que eres un
falso creyente. El mundo odia a los verdaderos cristianos (ver también, Juan
15:18-21; Gálatas 4:29; 2 Timoteo 3:12; 1 Juan 3:13-14).
Sal y Luz (Salt and Light)
Una vez, Jesús
les aseguró a sus discípulos que efectivamente ellos estaban entre la gente
transformada y bendecida, destinada a heredar el Reino de los Cielos y también
dio advertencias al respecto. A diferencia de lo que muchos pastores predican
hoy en día, que continuamente le aseguran a los cabritos que ellos nunca podrán
perder la salvación que supuestamente poseen, Jesús amó tanto a sus discípulos
que les advirtió acerca de la posibilidad de que fueran removidos de la
categoría de bienaventurados.
“Vosotros sois la sal de la Tierra; pero
si la sal pierde su sabor, ¿Con qué será salada? No sirve más para nada, sino para
ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo;
una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz
y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero para que alumbre a
todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres,
para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en
los cielos” (Mateo 5:13-16).
Nótese que Jesús
no exhortó a sus discípulos para que fueran sal o fueran luz. Él dijo
(metafóricamente) que ellos ya eran sal, y los exhortó a no
perder
su sabor. Él dijo (metafóricamente) que ellos ya eran luz, y los
exhortó a que su luz no fuera escondida, sino que continuara brillando. ¡Cómo
contrasta esto con los muchos sermones predicados hoy en día a los creyentes
acerca de la necesidad de llegar
a ser
luz y sal! Si las personas aún no son sal y luz es porque todavía no son
discípulos de Cristo. No están entre los bienaventurados y no irán al cielo.
En el tiempo de
Jesús, la sal era usada principalmente en las comidas como preservante de las
carnes. Como seguidores obedientes de Cristo, somos los que preservan este
mundo pecador para que no se vuelva completamente corrupto y contaminado. Pero
si nosotros nos comportamos como los del mundo, entonces realmente “no servimos
más para nada” (v13). Jesús advirtió a los bienaventurados que tenían que
permanecer salados para preservar sus características únicas. Deben distinguirse del mundo que les rodea,
no vaya a ser que pierdan su sabor haciéndose merecedores de ser “echados fuera
y pisoteados”. Ésta es una de las muchas advertencias claras en contra de la
recaída, que encontramos en el Nuevo Testamento y que va dirigida a los
verdaderos creyentes. Si la sal es verdaderamente sal, será salada. Asimismo,
los seguidores de Cristo se conducen como seguidores de Cristo; de otra forma, no son seguidores de Jesús, aun si antes lo fueron.
Los auténticos
seguidores de Jesús son también la luz del mundo. La luz siempre brilla. Si no
brilla, no es luz. En esta analogía, la luz representa nuestras buenas obras
(ver Mateo 5:16). Jesús no estaba exhortando a los que no tenían obras, para
que las tuvieran, sino exhortaba a aquellos que ya tenían buenas obras a no
esconder su bondad de los otros. Pues con esto podían glorificar a su Padre
celestial, porque la obra que Él ha hecho en ellos es la fuente de su bondad.
Aquí vemos un hermoso balance de la gracia y obra de Dios y nuestra cooperación
con Él; ambas cosas se necesitan para ser santos.
La Relación de
la Ley con los Seguidores de Cristo
(The
Law’s Relationship to Christ’s Followers)
Ahora comenzamos
un nuevo párrafo (en la versión de la Biblia usada aquí, NASB, por sus siglas
en inglés). Ésta es una sección de enorme importancia, una introducción a lo
mucho que Jesús hablaría en el resto de su sermón.
“No penséis que he venido a abolir la ley
o los profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir, porque de cierto os digo
que antes que pasen el cielo y la Tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la
ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante
uno de estos mandamientos muy pequeños y así enseñe a los hombres, muy pequeño
será llamado en el Reino de los Cielos; pero cualquiera que los cumpla y los
enseñe, este será llamado grande en el Reino de los Cielos. Por tanto, os digo
que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos, no
entraréis en el Reino de los Cielos” (Mateo 5:17-20).
Si Jesús
advirtió a su audiencia que Él no estaba aboliendo la ley o los profetas,
entonces podríamos concluir que al menos parte de su audiencia creía esto. El
porqué ellos estaban suponiendo eso es algo que nosotros sólo podemos adivinar.
Tal vez, la seriedad con que Jesús rechazaba el legalismo de los escribas y fariseos
fue lo que pudo hacer pensar a muchos que Él estaba aboliendo la ley y los
profetas.
En relación a
esto, Jesús claramente quería que sus discípulos se dieran cuenta del error en
que se encontraban los que creían esto. Él fue el divino inspirador del Antiguo
Testamento, así que ciertamente, Él no iba a abolir todas las cosas que había
dicho a través de Moisés y los profetas. Al contrario, Él venía a completar y dar el
significado correcto de la ley y los profetas.
¿Cómo haría esto
exactamente? Algunos piensan que Jesús solamente estaba hablando acerca de las
predicciones mesiánicas. Aunque ciertamente Jesús ya había completado (y
completará) cada predicción mesiánica, y esto no era lo único que Él tenía en
mente. Claramente el contexto indica que Él estaba también hablando acerca de todo
lo
relacionado con la ley y los profetas sin dejar pasar “ni una jota, ni una
tilde” (v.18) de la ley, ni uno solo de sus “muy pequeños” (v.19) mandamientos.
Otros suponen
que Jesús quería decir que completaría la ley al completar sus requisitos para
nuestro bien por medio de su vida obediente y muerte sacrificial (ver Romanos
8:4). Pero esto, como también lo revela el contexto, no es lo que Él quería
decir. En los versos siguientes Jesús no menciona nada acerca de su vida o
muerte como un punto de referencia para cumplir la ley. Al contrario, en la
oración siguiente, Él afirma que la ley será válida, por lo menos hasta que
“pasen el cielo y la tierra” y “todo se haya cumplido”, puntos de referencia
muy lejanos (en el tiempo) de su muerte en la cruz. Luego, Él declaró que la
actitud de la gente hacia la ley afectaría su posición en el cielo (v.19) y que
la gente debe obedecer la ley aún mejor que los escribas y los fariseos o no
entrarían al reino de los cielos (v.20).
Indiscutiblemente,
además de completar las profecías mesiánicas, tipos y sombras de la ley, al
igual que cumplir los requisitos de la ley a nuestro favor, Jesús también
pensaba que su audiencia tenía que guardar los mandamientos de la
ley y hacer lo que los profetas dijeron. En un sentido, Jesús cumpliría
la ley al revelar la verdad de Dios con su intención original, respaldándola y
explicándola, y completando lo que faltaba en el entendimiento de su audiencia
acerca de esto.[2] La palabra
griega traducida como cumplir en el verso 17, también se traduce en el Nuevo
Testamento como completar, finalizar, llenar y llevar a cabo
completamente. Esto era exactamente lo que Jesús estaba a punto de hacer,
iniciándolo un poco más adelante en su discurso.
Jesús no vino a
abolir la ley y los profetas, sino a completarlos, esto quiere decir
“completarlos hasta el fin”. Cuando yo enseño esta porción del Sermón del
Monte, con frecuencia muestro a mi audiencia un vaso con agua hasta la mitad,
para que sirva de ejemplo a la revelación que Dios les dio a los profetas y a
la ley. Jesús no vino a abolir la ley y los profetas (mientras digo esto
aparento arrojar el agua del vaso). Al contrario, el vino a cumplir y
completar la
ley y los profetas (mientras digo esto, tomo una botella con agua y lleno el
vaso completamente). Esto ayuda a
la gente a entender lo que Jesús quería decir.
La Importancia
de Guardar La Ley (The Importance
of Keeping the Law)
Concerniente a
guardar los mandamientos encontrados en la ley y los profetas, Jesús no pudo
haber sido más claro en cuanto a esto. Él esperaba que sus discípulos los
obedecieran. Eran tan importantes como siempre. De hecho, la medida en que
ellos cumplieran los mandamientos determinaba su posición en el cielo: “de
manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños y
así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los
cielos; pero cualquiera que los
cumpla y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos”
(5:19).
Después llegamos
al verso 20: “Por tanto, os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la
de los escribas y fariseos, no entraréis
en el reino de los cielos”.
Nótese que esto
no es un nuevo pensamiento, sino una declaración que concluye lo que está
conectado en los versos anteriores por la expresión por tanto. ¿Cuán importante
es el guardar los mandamientos? Uno debe guardar los mandamientos mejor que
los escribas y fariseos para así entrar, al reino de los cielos. De nuevo vemos
que Jesús estaba hablando acerca de este tema: Sólo los santos heredarán el
Reino de Dios.
A menos que
desee contradecir a Jesús, el ministro formador de discípulos nunca asegurará
la posesión de la salvación a aquellos cuya justicia no sobrepase la de los
escribas y fariseos.
¿De qué Clase
de Justicia Estaba Hablando Jesús?
(Of
What Kind of Righteousness was Jesus Speaking?)
Cuando Jesús
dijo que nuestra justicia debía sobrepasar la de los escribas y fariseos, ¿no
estaba refiriéndose al estandarte legal de justicia que sería otorgado a nosotros como un regalo? No, no se
refería a esto, y por una buena razón. Primero, el contexto no encaja con esta
interpretación. Antes y después de esta declaración (y a través de todo el
Sermón del Monte), Jesús hablaba acerca de guardar los mandamientos, lo cual
es, vivir con justicia. La interpretación más natural de sus palabras es que
debemos vivir con más justicia que los escribas y fariseos. Y ¡qué
absurdo sería el pensar que Jesús estaba sujetando a los fariseos y escribas a
una posición en la que sus discípulos no estaban! ¡Qué absurdo pensar que
Jesús condenaría a los escribas y
fariseos por sus pecados y no así a sus discípulos simplemente porque ellos
hicieron una “oración de salvación”! [3]
Nuestro problema es que nosotros no
queremos aceptar el incuestionable significado de este verso, porque sonaría
como legalismo. Pero nuestro verdadero problema es que no entendemos la
inseparable relación entre la justicia imputada y la justicia práctica. Sin
embargo, el apóstol Juan dijo una vez: “Hijitos, nadie os engañe; el que hace
justicia es justo” (1 Juan 3:7). Tenemos que entender la relación entre el
nuevo nacimiento y la justicia práctica, como también Juan dijo: “todo el que
hace justicia es nacido de Él” (1 Juan 2:29).
Jesús pudo haber
agregado a su declaración del capítulo 5:20, “si tú te arrepientes, ciertamente
has nacido de nuevo, y recibes a través de la fe viva mi regalo de justicia, tu
justicia práctica ciertamente excederá a la de los escribas y fariseos,
mientras tú cooperas con el poder de mi Santo Espíritu”.
Cómo Ser más Santo que los Escribas y Fariseos
(How to be Holier
than the Scribes and Pharisees)
La pregunta que
naturalmente viene a la mente en respuesta a la declaración que Jesús dio en el
5:20 es ésta: ¿Qué tan justos exactamente eran los fariseos y escribas? La
respuesta es: no muy santos.
En otra ocasión,
Jesús se refirió a ellos cómo “sepulcros blanqueados, que por fuera, a la
verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos
y de toda inmundicia” (Mateo 23:27). Esto quiere decir que en apariencia eran
santos, pero que por dentro estaban llenos de maldad. Hacían una gran labor al
guardar la letra y la ley, pero ignoraban el espíritu de ésta,
justificándose con frecuencia al torcer o alterar los mandamientos de Dios.
De hecho, la
falla intrínseca de los escribas y fariseos es en lo que más se enfoca el
Sermón del Monte declarado por Jesús. Encontramos que Él citó un número de
mandamientos muy conocidos y después de cada uno, reveló la diferencia entre
guardar la letra de la ley y el espíritu de ésta. Al hacer esto, Él
repetidamente expuso la falsa enseñanza y la hipocresía de los fariseos y
escribas y reveló sus verdaderas expectativas para sus discípulos.
Jesús comenzó
cada ejemplo con las palabras, “Oísteis que te fue dicho”. Él le estaba
hablando a gente que probablemente nunca había leído, pero sólo había escuchado
el Antiguo Testamento leído por los escribas y fariseos en las sinagogas. Se
podría decir que su audiencia había estado recibiendo una falsa enseñanza toda
su vida, mientras que oían a los escribas y fariseos alterar los comentarios
acerca de la Palabra de Dios y les veían vivir sin santidad.
Ámense los Unos a los Otros, No como los Escribas y Fariseos
(Love Each Other, Unlike
the Scribes and Pharisees)
Al usar el sexto
mandamiento como su primera referencia a este punto, Jesús empezó a enseñarles
a sus discípulos las expectativas que Dios tenía para ellos, mientras que al
mismo tiempo exponía la hipocresía de los fariseos y escribas.
“Oísteis que fue dicho a
los antiguos: “No matarás”, y cualquiera que mate será culpable de juicio. Pero
yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de
juicio; y cualquiera que diga “necio” a su hermano, será culpable ante el
Concilio; y cualquiera que le diga “fatuo”, quedará expuesto al infierno de
fuego” (Mateo 5:21-22).
Primero notemos
que Jesús estaba dando una advertencia de algo por lo cual podríamos ir al
infierno. Éste era otra vez, su
tema principal: Sólo los santos heredarán el Reino de Dios.
Los escribas y
los fariseos predicaban en contra del homicidio, citando el sexto mandamiento,
aparentemente dando la advertencia de que el homicidio lo llevaría a uno a la
corte.
Sin embargo,
Jesús quería que sus discípulos conocieran lo que los escribas y fariseos
aparentemente no entendían. Había muchas infracciones “menores” que lo podían
llevar a uno a la corte, aparentemente a la corte divina. Debido a que es tan
importante que nos amemos los unos a los otros (el segundo gran mandamiento),
cuando nos enojamos con nuestro hermano, deberíamos considerar que podríamos
ser hallados culpables ante la corte de Dios. Si con nuestras palabras
mostramos nuestro enojo en una forma nada amable a nuestro hermano, nuestra falta
es aún más grave, y deberíamos considerarnos culpables en la corte más alta de
Dios. Y si vamos aún más allá, demostrando nuestro odio a nuestro hermano con
nuestras palabras ofensivas, somos lo suficientemente culpables ante Dios como
para ser enviados al fuego del infierno.[4]
¡Esto es muy serio!
Nuestra relación
con Dios se basa en nuestra relación con nuestros hermanos. Si odiamos a un
hermano, esto revelará que no poseeremos la vida eterna. Juan escribió:
“Todo aquel que odia a su hermano es
homicida; y sabéis que ningún hombre homicida tiene vida eterna permanente el
Él” (1 Juan 3:15).
“Si alguno dice: “Yo amo a Dios”, pero
odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha
visto, ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).
¡Qué importante
es que nos amemos los unos a los otros! Y cómo Jesús lo mandó, también hay que
trabajar en la reconciliación cuando nos hemos ofendido mutuamente (ver Mateo
18:15-17).
Jesús continuó:
“ Por tanto, si traes tu ofrenda al altar
y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda
delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano y entonces vuelve y
presenta tu ofrenda” ( Mateo 5: 23-24).
Esto quiere
decir que si nuestra relación con nuestro hermano no está bien, entonces
nuestra relación con Dios tampoco está bien. Los fariseos fueron culpables en
darle importancia a las cosas que eran menores y no ponerle atención a las
cosas de mayor importancia, “Coláis el mosquito y tragáis el camello” como
Jesús dijo (Mateo 23:23-24). Ellos enfatizaban la importancia de diezmar y dar
ofrendas, pero rechazaban lo que era más importante, el segundo gran
mandamiento, de amarnos unos a otros. ¡Cuán hipócrita es el que trae una
ofrenda supuestamente para mostrar el amor que sentimos por Dios, mientras que
violamos su segundo mandamiento más importante! Contra esto advertía Jesús.
Todavía hablando
acerca de la corte de Dios, Jesús
continuó:
“Ponte de acuerdo pronto con tu
adversario, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario
te entregue al juez, y el juez al guardia, y seas echado en la cárcel. De
cierto te digo que no saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante”
(Mateo 5: 25-26).
Lo mejor es
mantenerse fuera de la corte divina, viviendo en paz con nuestros hermanos en
tanto sea posible. Si un hermano o hermana está enojado con nosotros y nosotros
tercamente nos rehusamos a tener una reconciliación “en nuestro camino a la
corte”, o sea en nuestro viaje a través de nuestra vida hasta llegar ante la
presencia de Dios, ciertamente podemos arrepentirnos. Lo que Jesús dijo aquí es
muy similar a la advertencia que Él hizo acerca de imitar al siervo que no tuvo
perdón en Mateo 18:23-35. El siervo que fue perdonado pero que se rehusó a
perdonar a los otros siervos, volvió a adquirir su deuda y fue llevado a los
verdugos hasta que pagara lo que él debía (ver Mateo 18:34). Jesús aquí está
advirtiendo otra vez acerca de las consecuencias eternas de no amar a nuestros
hermanos como Él manda.
Se Sexualmente Puro, No como los escribas y Fariseos
(Be Sexually Pure, Unlike the Scribes and
Pharisees)
El sétimo
mandamiento fue el objetivo del segundo ejemplo de Jesús, acerca de cómo los escribas y los fariseos
mantenían la letra, en tanto rechazaban el espíritu de la ley. Jesús esperaba
que sus discípulos fueran sexualmente más puros que los escribas y fariseos.
“Oísteis que te fue dicho: “No cometerás
adulterio”. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para
codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te
es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti, pues mejor te es que se pierda uno
de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado del infierno. Y si tu
mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti, pues mejor te es
que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al
infierno” (Mateo 5:27-30).
Note de nuevo,
que Jesús estaba hablando de su tema principal, Sólo los santos heredarán el
Reino de Dios. Él habló otra
vez acerca del infierno y de lo que debemos hacer para no ir ahí.
Los escribas y
los fariseos no pudieron ignorar el sétimo mandamiento, y lo obedecían siendo
fieles a sus esposas en apariencia. Pero, seguramente tenían fantasías donde
hacían el amor con otras mujeres. Mentalmente desvestían a una mujer que habían
visto en la plaza. Eran adúlteros en su corazón, y así transgredían el espíritu
del sétimo mandamiento. ¿Cuántos en la iglesia de hoy en día son iguales a los
escribas y fariseos?
Por supuesto que
Dios, tenía la intención de que la gente fuera sexualmente pura por completo.
Innegablemente, si es un error el tener una relación sexual con la esposa de tu
vecino, también es un error el meditar o pensar en que tenemos una relación
sexual con ella. Jesús no le estaba agregando nada a la ley que ya había sido
escrita por Moisés. El décimo mandamiento claramente contenía una prohibición
en contra de la lujuria: “No codiciareis la mujer de tu prójimo” (Éxodo 20:17).
¿Sería culpable
de esto alguno de los que estaba en la audiencia de Jesús? Probablemente sí.
¿Qué deberían haber hecho en ese momento? Debieron haberse arrepentido
inmediatamente como Jesús les enseñó. No importa lo que tomara, lo que costara,
aquellos que vivían en lujuria, debían detener su lujuria, porque los
lujuriosos van al infierno.
Por supuesto
que, ninguna persona razonable piensa que Jesús dijo que el lujurioso debería
literalmente sacarse un ojo o cortase una mano. Una persona lujuriosa que se
saca un ojo tan sólo se convierte en un lujurioso tuerto. Jesús dramática y
solemnemente enfatizó la importancia de obedecer el espíritu del sétimo
mandamiento. La eternidad depende de eso.
Siguiendo el
ejemplo de Cristo, el ministro que hace discípulos exhortará a sus
discípulos a “cortar” cualquier
cosa que sea causa de su tropiezo. Si es la televisión por cable, el cable
necesita desconectarse. Si es la televisión regular, el televisor debe de ser
removido. Si es la suscripción de una revista, esta debe de ser cancelada. Si
es la Internet, ésta debería ser desconectada. Si es la vista de una ventana,
esta ventana debería cerrarse. Ninguna de estas cosas son tan dignas de
nosotros como para pasar una eternidad en el infierno, y debido a que el
ministro formador de discípulos
ama verdaderamente a sus ovejas, él les dirá la verdad y los advertirá,
así como Jesús lo hizo.
Otra Forma de Cometer Adulterio
(Another
way to commit adultery)
El siguiente
ejemplo de Jesús se relaciona mucho con el que acabamos de ver anteriormente, y
por esto, probablemente se menciona después de éste. Debería ser considerado
cómo la continuación del anterior y no como un nuevo tema. El tema es, “otra
cosa más que los fariseos hacían equivalente al adulterio”.
“También fue dicho: “Cualquiera que
repudie a su mujer, déle carta de divorcio”. Pero yo os digo que el que repudia
a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere, y el que
se casa con la repudiada, comete adulterio” (Mateo 5:31-32).
Aquí hay un
ejemplo de cómo los escribas y los fariseos alteraron la ley de Dios para
acomodarla a su estilo de vida de pecado.
Vamos a crear a
un fariseo imaginario en los días de Jesús. Al frente de su casa vive una mujer
atractiva por la cual él siente lujuria. Él coquetea con ella cuando la ve cada
día. Ella parece que se siente atraída a él, y su deseo por ella crece. Él
desearía verla desnuda, y regularmente se la imagina en fantasías sexuales.
¡Oh, si tan sólo él la pudiera tener!
Pero él tiene un
problema, él está casado y su religión prohíbe el adulterio. Él no quiere
romper el sétimo mandamiento (aunque ya lo haya roto en su lujuria). ¿Qué
podría hacer él?
¡Hay una
solución! Si él se divorcia de su actual esposa, él se casaría con la dueña de
su mente. ¿Pero es correcto divorciarse? ¡Un amigo fariseo le dice que Sí!
Existe una Escritura para eso. Deuteronomio 24:1 dice algo acerca de darle un
certificado de divorcio a tu esposa cuando quieres divorciarte. ¡El divorcio es
legal
dentro de ciertas circunstancias! Pero ¿cuáles son esas circunstancias? Él lee
cuidadosamente lo que Dios dijo:
“Cuando alguien toma a una mujer y se
casa con ella, si no le agrada por haber hallado en ella alguna cosa indecente,
le escribirá carta de divorcio, se la entregará en la mano y la despedirá de su
casa” (Deuteronomio 24:1).
¡Eso es! Él
puede divorciarse de su esposa si encuentra algo indecente en ella. Y él lo ha
encontrado. ¡Ella no es tan atractiva como la mujer que vive al frente de mi
casa! (éste no es un ejemplo de sólo coqueteo. De acuerdo con
Rabbi Hillel, que tenía la enseñanza más popular acerca del divorcio en los
días de Jesús, un hombre podía divorciarse legalmente de su esposa si
encontraba a alguien que fuera más atractiva, porque esto hacia a su esposa
actual “indecente” a sus ojos. Rabbi Hellel también enseñó que un hombre podía
divorciarse de su esposa si ella ponía mucha sal en su comida, o hablaba con
otro hombre, o no tenía un hijo para él).
Así que, nuestro
fariseo lujurioso legalmente se divorciaba de su esposa al darle el certificado
requerido de divorcio y rápidamente se casaba con la mujer de sus fantasías. Y
todo esto lo hizo sin sentir la mínima culpa ante Dios, porque ¡la ley de Dios
había sido obedecida!
Un Punto de
Vista Diferente
(A
different View)
Por supuesto que
Dios ve las cosas diferente. Él nunca estipuló el verdadero significado de
la “indecencia” mencionada en Deuteronomio 24:1-4 o si ésta era una razón
legítima para divorciarse. De hecho, el pasaje no dice nada en relación a
cuando el divorcio es legítimo y cuando no lo es. Éste solamente contiene una
prohibición en contra de la mujer casada una o dos veces, o que quedó viuda (de
un segundo marido) de casarse de nuevo con su primer marido. Para decir que hay
cierta “indecencia” ante los ojos de Dios como para tener un divorcio legítimo
basado en estos pasajes, sería forzar o aumentar el significado de este texto.
De cualquier
manera, en la mente de Dios, el hombre imaginario que yo acabo de describir es
igual a cualquier adúltero. Él ha quebrantado el sétimo mandamiento. De hecho,
es más culpable que cualquier otro adúltero, porque su culpa se debe a su
“doble adulterio”. ¿Cómo es esto? Primero, él mismo ha cometido adulterio.
Jesús dijo, “cualquiera que repudie a su mujer, salvo por causa de inmoralidad
sexual, y se casa con otra, adultera” (Mateo 19:9).
Segundo, su
esposa, ahora divorciada, necesita buscar otro esposo para sobrevivir. En la
mente de Dios, el fariseo ha hecho lo equivalente a forzar a su esposa a tener
sexo con otro hombre. Por esto, él también es culpable por el “adulterio” de
ella.[5]
Jesús dijo, “el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella
adultere” (Mateo 5:32, énfasis agregado).
Jesús tal vez
podría culpar a nuestro lujurioso fariseo con “adulterio triple” con su declaración,
“y el que se casa con la repudiada comete adulterio” (Mateo 5:32), esto quiere
decir que Dios también toma en cuenta como “adulterio” el hecho de que la
divorciada se case con un nuevo marido.[6]
Esto era un tema
muy popular en los días de Jesús, cuando también leemos en otro lugar donde los
fariseos le preguntaban a Jesús, “¿Está permitido al hombre repudiar a su mujer
por cualquier causa?” (Mateo 19:3).
Su pregunta deja ver sus corazones.
Ciertamente, por lo menos algunos de ellos querían creer que el divorcio era
legítimo por cualquier causa.
Debo agregar que es una vergüenza cuando
los cristianos toman estas mismas escrituras acerca del divorcio, las
malinterpretan, y ponen estorbo a los hijos de Dios. Jesús no estaba hablando
acerca del cristiano que era divorciado cuando aún no era salvo, y que al
encontrar a una pareja maravillosa que cree en Jesús decide casarse con esta
persona. Esto no es equivalente a adulterio. Si esto fuera lo que Jesús quiso
decir, tendríamos que cambiar el evangelio, porque ya no proveería perdón para
todos los pecados de los pecadores. Hoy en día oímos a muchos predicar, “Jesús
murió por ti, y si tú te arrepientes y crees en Él, todos tus pecados serán
perdonados. Sin embargo, si tú has sido divorciado, asegúrate de que no te
casarás de nuevo porque estarías cometiendo “adulterio” y la Biblia dice que
los adúlteros irán al infierno. También si tú eres casado por segunda vez,
antes de venir a Cristo, tú tienes que cometer un pecado más y divorciarte de
tu actual esposa. De otra forma, continuarías viviendo en adulterio y los
adúlteros no son salvos. “[7]
¿Es éste el evangelio?[8]
Sé Honesto, no Como los Escribas y Fariseos
(Be Honest, Unlike the
Scribes and Pharisees)
El tercer
ejemplo de Jesús acerca de la conducta injusta y la mala aplicación de la
escritura por parte de los escribas y fariseos está relacionado con el
mandamiento de Dios de enseñar la verdad. Los escribas y los fariseos habían
desarrollado una forma muy creativa para mentir. Aprendemos en Mateo 23:16-22
que ellos no se consideraban en la obligación de mantener sus votos si habían
jurado por el templo, el altar, o por el cielo. Sin embargo, Si juraban por el oro del templo, la ofrenda en el altar, o
por Dios
en el cielo, estaban obligados a guardar su voto, pero ¡ellos estaban obligados a
guardar sus votos! Esto es equivalente a un adulto con la mentalidad de un niño
que piensa que está exento de decir la verdad en tanto mantenga sus dedos
cruzados detrás de su espalda. Jesús espera que sus discípulos digan la verdad.
“Además habéis oído que fue dicho a los
antiguos: “No jurarás en falso, sino cumplirás al Señor tus juramentos”. Pero
yo os digo: No juréis de ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de
Dios; ni por la Tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén,
porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes
hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: “Sí, si” o “No,
no”, porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5:33-37).
El mandamiento
original de Dios acerca de hacer votos no dice nada relacionado con hacer
dichos votos acompañados de un juramento sobre algo más. La intención de Dios
era que su pueblo siempre hablara con la verdad, y así nunca habría necesidad
de hacer juramentos.
No hay nada de
malo al hacer un voto, porque un voto es similar a una promesa. De hecho, los
votos para obedecer a Dios son muy buenos. La salvación comienza con un voto
para seguir a Jesús. Pero cuando la gente tiene que jurar por algo para
convencer a otros de que les crean, están admitiendo que normalmente mienten. La gente que
siempre dice la verdad no necesita jurar. Algunas iglesias están llenas de
mentirosos y los ministros a menudo son líderes de la falsedad y el engaño.
El ministro
formador de discípulos da ejemplo de lo que es verdadero y enseña a sus
discípulos a decir la verdad, siempre. Él sabe que Juan advirtió que todos los
mentirosos serían arrojados al lago que arde con fuego y azufre (ver
Apocalipsis 21:8).
No Tomes
Venganza, como lo Hacen los Escribas y Fariseos
(Don’t Take Revenge, as do the Scribes and
Pharisees)
El siguiente
tema en la lista de agravios que expuso Jesús era la distorsión farisaica de un
verso muy conocido del Antiguo Testamento. Ya hemos considerado este pasaje en
el capítulo acerca de la interpretación bíblica.
“Oísteis que te fue dicho: “ojo por ojo y
diente por diente”. Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a
cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; al que
quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; a
cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que
te pida dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo niegues” (Mateo 5:
38-42).
La ley de Moisés
declaraba que cuando una persona era encontrada culpable en la corte por
agraviar a otra persona, su castigo sería equivalente al daño que había
causado. Si él le rompía un diente a alguien, aplicando la justicia, su diente
sería roto. Este mandamiento fue dado para asegurar que la justicia se
cumpliría en los casos de la corte para ofensas mayores. Dios instituyó un
sistema de cortes y juicios bajo la ley para desalentar el crimen, asegurar la
justicia y refrenar la venganza. Y Dios mandó a los jueces a ser imparciales y
justos en sus juicios. Debían administrar el concepto de “ojo por ojo y diente
por diente”. Sin embargo, esta frase y mandamiento abundan en pasajes
relacionados a la justicia en las cortes.
No obstante, una vez más, los escribas y fariseos habían alterado el
mandamiento, con el objetivo de hacer un mandamiento en el que fuera posible la
venganza personal como una obligación santa.
Aparentemente,
ellos habían adoptado la política de “cero tolerancia”, buscando la venganza,
inclusive por ofensas pequeñas y menores.
Sin embargo,
Dios siempre ha esperado más de su pueblo. La venganza es algo que Él
expresamente prohíbe (ver Deuteronomio 32:35). El Antiguo Testamento enseña que
el pueblo de Dios debe mostrar amabilidad con sus enemigos (ver Éxodo 23:4-5;
Proverbios 25:21-22). Jesús apoyó esta verdad cuando dijo a sus discípulos que
voltearan la otra mejilla y que fueran una milla extra cuando se relacionaban
con la gente malvada. Cuando se nos abusa de cierta forma, Dios quiere que
seamos misericordiosos, devolviendo bien por mal.
Pero, ¿espera
Jesús que le permitamos a la gente tomar ventaja sobre nosotros de una manera
grosera, permitiendo que ellos arruinen nuestras vidas si lo desean? No. Jesús
no estaba hablando de obtener la debida justicia por las ofensas mayores en la
corte, sino acerca de tomar venganza personal por infracciones pequeñas. Note
que Jesús no dijo que nosotros deberíamos ofrecer nuestro cuello para que nos
estrangulara a alguien que nos acaba de apuñalear por la espalda. Él no dijo
que deberíamos darle a alguien nuestra casa, si antes ha demandado nuestro
carro. Jesús simplemente nos dice que mostremos tolerancia y misericordia en
alto grado, al encontrarnos diariamente con ofensas menores y pequeñas y con
los obstáculos normales que presenta la gente egoísta. Él quiere que seamos más
amables de lo que la gente egoísta espera. Los escribas y los fariseos nunca
llegaron a ese nivel.
¿Por qué muchos
que se dicen ser cristianos se ofenden con tanta facilidad? ¿Por qué se enojan
tan rápidamente por ofensas que son diez veces más pequeñas que una bofetada en
la mejilla? ¿Son ellos salvos? El ministro que hace discípulos da el ejemplo de
poner la otra mejilla, y les enseña a sus discípulos a hacer lo mismo.
No Odies a tus
Enemigos, como lo Hacen los Escribas y Fariseos
(Don’t
hate your Enemies, as do the Scribes and Pharisees)
Finalmente,
Jesús habló de un mandamiento dado por Dios, que los escribas y los fariseos
habían alterado para acomodarlo a sus corazones llenos de odio.
“Oísteis que te fue dicho: “amarás a tu
prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos,
bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los
que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está
en los cielos, que hace salir su sol sobre los malos y buenos y llover sobre
los justos e injustos. Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?
¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos
solamente ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues,
vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”
(Mateo 5:43-48).
En el Antiguo
Testamento, Dios había dicho, “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico
19:18), pero los escribas y los fariseos, muy convenientemente, habían
determinado que su prójimo era sólo la gente que les amaba. Todos los demás
eran enemigos, y ya que Dios dijo que amáramos a nuestro prójimo, debería ser
apropiado el odio a nuestros enemigos. Sin embargo, de acuerdo con Jesús, esta
no era del todo la intención de Dios.
Jesús enseñaría
después en la historia del buen samaritano que nosotros deberíamos considerar a
cada persona como nuestro prójimo.[9]
Dios quiere que amemos a todos, incluyendo a nuestros enemigos. Éste es
el estatuto de Dios para sus hijos, un estatuto por el cual Él mismo vive. Él
manda sol y lluvia para las cosechas, no solamente sobre la gente buena, sino también sobre la gente mala.
Deberíamos seguir su ejemplo, mostrando compasión por aquellos que no la
merecen. Cuando lo hacemos, esto muestra que somos “hijos de nuestro Padre que
está en los cielos” (Mateo 5:45). La gente que sinceramente ha nacido de nuevo,
actuará como su padre.
El amor que Dios
espera que mostremos a nuestros enemigos no es una emoción o una aprobación de
su debilidad. Dios no nos está pidiendo que fomentemos buenos sentimientos por
aquellos que se nos oponen. Él no espera que digamos algo que no es verdad, que
nuestros enemigos son realmente personas maravillosas. Pero Él espera de
nosotros que tengamos misericordia hacia ellos y que tomemos acción
intencionada hacia ese fin, al menos saludándolos y orando por ellos.
Note que una vez
más Jesús está afirmando su tema principal, sólo los santos heredarán el
reino de Dios. Él dijo a sus discípulos que si solamente amaban a aquellos
que los amaban, ellos no eran mejores que los gentiles paganos y los
recolectores de impuestos, dos clases de personas que los judíos considerarían
como herederos del infierno. Era otra forma de decir que, aquellos que
únicamente amaban a quienes les amaban a ellos, irían al infierno
Haz el
Bien por las Motivaciones correctas, No Como los Escribas y Fariseos
(Do
Good for the Right Motives, Unlike the Scribes and Pharisees)
Jesús no sólo
espera que sus seguidores sean santos, Él espera que sean santos por las
razones correctas. Es factible obedecer los mandamientos de Dios y al mismo
tiempo no complacerle, si nuestra obediencia procede de un motivo erróneo.
Jesús condenó a los escribas y fariseos, porque sus buenas obras eran
exclusivamente para impresionar a los otros (ver Mateo 23:5). Jesús espera que
sus discípulos sean diferentes.
“Guardaos de hacer vuestra justicia
delante de los hombres para ser vistos por ellos, de otra manera no tendréis
recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna,
no hagáis tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las
sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo
que ya tienen su recompensa. Pero cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda
lo que hace tu derecha para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que ve
en lo secreto, te recompensará en público” (Mateo 6:1-4).
Jesús esperaba
que sus seguidores dieran limosnas a los pobres. La ley lo mandaba (ver Éxodo
23:11; Levítico 19:10; 23:22; 25:35; Deuteronomio 15:7-11), pero los escribas y
los fariseos lo hacían con el tocar de la trompeta, aparentemente con el fin
de
llamar a
los pobres a sus generosas distribuciones públicas. Ahora, ¿cuántos cristianos
no le dan nada al pobre? Ni siquiera han llegado al punto de examinar los
motivos para dar limosnas. Si el egoísmo motivó a los escribas y fariseos para
anunciar sus limosnas, ¿qué es lo que motiva a los cristianos de hoy en día a ignorar el apuro del
pobre? Si esto es así, ¿sobrepasará su justicia a la de los escribas y
fariseos?
Como Pablo dijo
en 1 Corintios 3:10-15, podemos hacer buenas cosas por los motivos erróneos. Si
nuestros motivos no son puros, nuestras buenas obras no serán recompensadas.
Según Pablo, es posible aún predicar el evangelio por las razones incorrectas
(ver Filipenses 1:15-17). Como Jesús lo señaló, una buena forma de saber que
las razones para dar limosna son puras, es dar tan secretamente como sea
posible, impidiendo que nuestra izquierda sepa lo que hace la derecha. El
ministro que hace discípulos, enseña a sus discípulos a dar al pobre
(diciéndoles el porqué), y él también practica lo que predica.
Orar y
Ayunar Por las Razones Correctas
(Prayer and Fasting for the Right Reasons)
Jesús también
esperaba que sus seguidores oraran y ayunaran, no para que la gente los viera,
sino para complacer a su Padre. De otro modo ellos no serían diferentes a los
escribas y fariseos que iban camino al infierno y que ayunaban y oraban sólo
para ganar las alabanzas de la gente, una recompensa temporal. Jesús exhortó a
sus seguidores:
“Cuando ores, no seáis como los hipócritas porque ellos aman
el orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para ser vistos
por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando
ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo
secreto; y tu Padre, que te ve en lo secreto, te recompensará en público”.
“Cuando ayunéis, no pongáis cara triste,
como los hipócritas que desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que
ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes,
unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino
al Padre que está en secreto; y tu Padre
que ve en lo secreto, te recompensará en público” ( Mateo 6:5-6; 1-18).
¿Cuántos que
dicen ser cristianos no llevan una vida de oración ni han ayunado nunca?[10]
De acuerdo a esto, ¿Cómo se compara su justicia con la de los escribas y
fariseos que ayunaban y oraban (aunque por motivos erróneos)?
Un Paréntesis
en Relación a la Oración y el Perdón
(A
Digression Regarding Prayer and Forgiveness)
Mientras estaba
en el tema de la oración, Jesús hizo un paréntesis para ofrecer más instrucciones específicas a sus
discípulos sobre cómo debían orar. Jesús quiere que nosotros oremos de tal
forma que no insultemos a su Padre al negarle con nuestras oraciones lo que Él
ya ha revelado sobre sí mismo. Por ejemplo, cómo Dios ya conoce lo que
necesitamos antes de que se lo pidamos (Él conoce todo.), no hay razón para
orar con repeticiones sin sentido:
“Y al orar no uséis vanas repeticiones,
como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis,
pues, semejantes a ellos, porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis
necesidad antes que vosotros le pidáis”
(Mateo 6:7-8).
Evidentemente,
nuestras oraciones revelan qué tanto conocemos a Dios. Aquellos que le conocen
como Él se revela en su Palabra, siempre orarán para que se haga su voluntad y para
que Él
sea glorificado. Su deseo más profundo es ser santos, y complacer a Dios. Esto
se refleja en el modelo de oración de Jesús, lo que llamamos El Padre Nuestro,
incluida de seguido en las instrucciones de Jesús a sus discípulos. Ésta
oración revela sus expectativas para nuestras prioridades y devociones:[11]
“Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los
cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en
el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”
(Mateo 6:7-11).
Lo que más le
debe de importar a los discípulos de Cristo es que el nombre de Dios sea
exaltado, que sea respetado, y tratado como santo.
Por supuesto
que, aquellos que oran para que el nombre de Dios sea santificado, deben de ser
santos ellos mismos, para honrar el nombre de Dios. De otro modo sería un acto
hipócrita. Por esto, esta oración refleja nuestro deseo de que otros se sometan
a Dios como nosotros lo hemos hecho.
La segunda
petición de este modelo de oración es parecida: “venga tu Reino”. La idea de un
Reino dice que debe haber un Rey que gobierne su reino. El discípulo cristiano
ansía ver a su Rey, aquél que gobierna su vida, y que gobierna sobre toda la
tierra. ¡Que cada uno se arrodille ante el Rey Jesús con una fe obediente!
La tercera
petición se une a la primera y a la segunda: “hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la Tierra”. De nuevo, ¿Cómo podemos sinceramente hacer
esta oración, si no nos sometemos a la voluntad de Dios para nuestras vidas? El
verdadero discípulo desea que la voluntad de Dios se haga en el cielo como en
la tierra, perfecta y completa.
Que el nombre de
Dios sea santificado, que se haga su voluntad, que su Reino venga, esto debe
ser más importante para nosotros que las peticiones sobre nuestra comida,
nuestro “pan de cada día”. Esta cuarta solicitud está en esa posición por una
razón. Aún en sí misma, esta oración, refleja un orden correcto de nuestras
prioridades, y no hay presencia de avaricia en ella. Los discípulos de Cristo
sirven a Dios y no codician. No se concentran en hacer tesoros en la tierra.
Me gustaría
también agregar que esta cuarta petición parece indicar que este modelo de
oración se debe decir diariamente, al inicio de cada día.
El Modelo de
Oración Continúa
(The Model Prayer Continues)
¿Pecaron los
discípulos de Cristo? Aparentemente lo hicieron algunas veces, pues Jesús les
enseñó a pedir perdón por sus pecados.
“Perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores. No nos metas en tentación, sino
líbranos del mal. Porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por todos los
siglos. Amén. Por tanto, si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará
también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis sus ofensas a
los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo:
12-15).
Los
discípulos de Jesús se dieron
cuenta que su desobediencia ofendía a Dios, y cuando ellos pecaban, se sentían
avergonzados. Querían que su mancha fuera removida, y gracias a Dios nuestro
Padre celestial, lleno de gracia, estaba dispuesto a perdonarles. Pero ellos
debían solicitar el perdón, la quinta petición encontrada en la oración del
Señor.
Sin embargo, el
perdón de sus pecados estaba condicionado a que ellos perdonaran a los otros.
Debido a que a ellos se les ha perdonado tanto, ellos tenían la obligación de
perdonar a cualquiera que les pedía perdón (y amar y trabajar para la
reconciliación con aquellos que no pedían perdón). Si ellos se rehúsan a
perdonar, Dios no los perdonará.
Sin duda, la
sexta y última petición refleja también que el verdadero discípulo desea ser
santo: “no nos metas en tentación, sino líbranos del mal (o del malvado)”. El
verdadero discípulo ansía tanto la santidad, que le pide a Dios que no lo meta
en una situación donde pueda ser tentado, a menos que pueda resistir.
Adicionalmente, el discípulo le solicita a Dios que lo libre de cualquier tipo
de mal en que pueda caer. Ciertamente ésta es una gran oración para comenzar
cada día antes de iniciar nuestro viaje al mundo lleno de maldad y tentaciones.
¡Y ciertamente nosotros podemos esperar que Dios conteste esta oración, que Él
mismo nos pidió que oráramos!
Todos los que
conocen a Dios entienden por qué son tan apropiadas estas seis peticiones. La
razón de esto está revelada en la línea final de la oración: “Porque (debido
a que)
tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por todos los siglos” (Mateo 6:13).
Dios es un gran Rey que reina sobre Su reino en donde nosotros somos sus
siervos. Él es todopoderoso y nadie debería resistirse a su voluntad. Toda la
gloria le pertenecerá a Él por siempre. Él es digno de ser obedecido.
¿Cuál es el tema
dominante en la oración del Señor? La Santidad. Los discípulos de Jesús desean que el nombre de Dios
sea santificado, que su Reino se establezca sobre la tierra y que su voluntad
se haga perfectamente en cualquier lugar. Esto es más importante para ellos que
su pan diario. Ellos quieren complacer a su Dios, y cuando ellos fallan, ellos
quieren el perdón de Dios. Y al haber sido perdonados, extienden su perdón a
otros. Anhelan ser perfectamente santos, hasta el grado en que desean evadir la
tentación, porque la tentación aumenta las oportunidades de pecado. El ministro
formador de discípulos enseña estas cosas a sus discípulos.
El Discípulo y
sus Posesiones Materiales
(The Disciple and His Material Possessions)
El siguiente
tema en el Sermón del Monte es potencialmente muy controversial para los
cristianos actuales, donde la primera motivación de su vida es la acumulación
continua de las cosas materiales:
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde
la polilla y el moho destruyen, y donde los ladrones entran y hurtan; sino
haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde
ladrones no entran ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará
también vuestro corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es
bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu
cuerpo estará en tinieblas. Así que si la luz que hay en ti es tinieblas,
¿Cuántas no serán las mismas tinieblas? Ninguno puede servir a dos señores,
porque odiará a uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro.
No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:19-24).
Jesús mandó que
no nos hiciéramos tesoros en la tierra. ¿Entonces, qué es lo que constituye un
“tesoro”? Normalmente los tesoros se guardan en cofres y se ponen en algún lado
y nunca se usan para algo práctico. Jesús los definió como algo que atrae al
moho, la polilla y los ladrones. Otra forma de describir estos tesoros es
“cosas no esenciales”. El moho come lo que está en el rincón de nuestros
armarios, no lo que usamos frecuentemente. La polilla come también lo que
nosotros usamos muy poco. En los países más desarrollados, los ladrones roban
cosas que frecuentemente la gente no necesita realmente: arte, joyas,
artefactos costosos, y lo que pueda ser empeñado.
Los discípulos
han “renunciado a todo lo que poseen” (Lucas 14:33). Ellos simplemente son
mayordomos del dinero de Dios, así que cada decisión de gastar dinero es una
decisión espiritual. Lo que hacemos con nuestro dinero refleja lo que controla
nuestras vidas. Cuando acumulamos “tesoros”, desperdiciando el dinero y
comprando lo que no es esencial, revelamos que Jesús no está en control, porque
si así fuera, haríamos mejores cosas con el dinero que Él nos ha confiado.
¿Cuáles son
estas cosas mejores? Jesús dijo que nos hiciéramos tesoros en el cielo. ¿Cómo
es esto posible? Él nos dice en el evangelio de Lucas: “Vended lo que poseéis y
dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se
agote, donde ladrón no llega ni polilla destruye” (Lucas 12:33).
Al dar dinero
para ayudar al pobre y para difundir el evangelio, estamos haciendo tesoros en
el cielo. Jesús nos está diciendo lo que sabemos que se puede depreciar al
punto de que no tenga ningún valor e invertir en algo que nunca se depreciará.
Eso es lo que el ministro que hace discípulos está haciendo, y les enseña a sus
discípulos a hacer lo mismo.
El Ojo Maligno
(The Bad Eye)
¿Qué fue lo que
Jesús quería decir cuando habló acerca de la gente con ojos buenos que tendrían
su cuerpo lleno de luz y la gente con ojos malignos cuyos cuerpos estaban
llenos de tinieblas? Sus palabras deben estar relacionadas con el dinero y las
cosas materiales, porque de eso es lo que Él estaba hablando antes y después de
esto.
La palabra
griega que se traduce como “maligno” en Mateo 6:23, es la misma palabra que se
traduce en Mateo 20:15 como “envidia”. Allí leemos que un mayordomo le dijo a
un trabajador, “¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?” Obviamente un ojo
no puede ser envidioso literalmente. Por esto la expresión “un ojo maligno
(envidioso)” habla de una persona con deseos egoístas. Esto nos ayuda a
entender mejor lo que Cristo quería decir en Mateo 6:22-23.
La persona con
un ojo bueno simboliza al que es puro de corazón, permitiendo la luz de la
verdad venir a él. Por esto él sirve a Dios y se hace tesoros, no en la tierra,
sino en el cielo donde está su corazón. La persona con el ojo maligno rechaza
la luz de la verdad, porque piensa que ya tiene la verdad, y por eso está lleno
de tinieblas, creyendo mentiras. Se hace tesoros en la tierra, donde está su
corazón. Cree que el propósito de su vida está en su beneficio propio. El
dinero es su dios. Él no heredará el cielo.
¿Qué significa
que el dinero sea tu dios? Significa que el dinero tiene un lugar en tu vida
que sólo Dios tiene el derecho de tener. El dinero está dirigiendo tu vida. El
dinero consume tus pensamientos, energías y tu tiempo. Es la mayor fuente de tu
gozo. Tú lo amas.[12]
Es por esto que Pablo comparó la codicia con la idolatría, diciendo que la
persona codiciosa no heredará el Reino de Dios (ver Efesios 5:5; Colosenses
3:5-6).
Ambos, Dios y el
dinero quieren ser amos de nuestras vidas, y Jesús dijo que no podemos servir a
los dos. De nuevo vemos que Jesús sigue hablando de su tema principal, sólo
los santos heredarán el Reino de Dios. Él dejó muy claro que
la gente que está llena de tinieblas, cuyo dios es el dinero y que se hacen
tesoros en la tierra, que es donde está su corazón, no están en el camino
angosto que lleva a la vida.
El Pobre
Codicioso (The Covetous Poor)
La preocupación
por las cosas materiales no es solamente errónea cuando estas cosas son
artículos de lujo. Una persona puede estar erróneamente preocupada con las
cosas materiales aun cuando estas cosas son necesidades básicas. Jesús
continuó:
“Por tanto os digo: No os angustiéis por
vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo,
que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el
vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, no recogen en
graneros; y, sin embargo, Vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis
vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá por mucho que se
angustie, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿Por qué os
angustiáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;
pero os digo que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
Y si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la
viste así, ¿No hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? No os
angustiéis, pues, diciendo: “¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué
vestiremos?”, porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero
vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas. Buscad
primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas” (Mateo: 25-34).
Muchos de los
lectores de este libro no se identifican con toda la gente a la que Jesús
hablaba. ¿Cuándo fue la última vez que te preocupaste por tener comida, bebida
o vestido?
Sin embargo, las
palabras de Jesús, ciertamente
tienen aplicación para todos nosotros. Es un error el preocuparse por
las cosas esenciales de la vida y es un error aún mayor el preocuparse
por las cosas que no son esenciales. Jesús espera que sus
discípulos se orienten primeramente en buscar dos cosas: su Reino y su
justicia. Cuando un cristiano no puede diezmar (un mandamiento del antiguo
pacto, debo agregar), pero puede comprar muchas cosas materiales que no
son esenciales, ¿está él viviendo bajo el mandamiento de Dios de buscar primero
su reino y su justicia? La respuesta es clara.
No Seas un
Buscador de Faltas (Don’t be a
Fault-Finder)
La siguiente
sección de mandamientos de Jesús a sus seguidores se refiere al pecado de
juzgar y de buscar las faltas de otros:
“No juzguéis, para que no seáis juzgados,
porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que
medís se os medirá. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y
no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano:
“déjame sacar la paja de tu ojo” cuando tienes la viga en el tuyo? ¡Hipócrita!
Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja
del ojo de tu hermano” (Mateo 7: 1-5).
Aunque Jesús no
habló directa o indirectamente de los escribas y fariseos en este pasaje, ellos
ciertamente eran culpables de pecado bajo su consideración; ¡Jesús había
encontrado faltas en ellos!
¿Qué fue exactamente
lo que Jesús quería decir en su advertencia de no juzgar a los demás?
Primero,
consideremos lo que Él no quiso decir. Él no dijo que no podíamos discernir y
hacer determinaciones fundamentales acerca del carácter de la gente al observar
sus acciones. Esto está bastante
claro. Después de estos pasajes, Jesús le enseña a sus discípulos acerca de no
arrojar sus perlas a los cerdos y de no dar lo que es santo a los perros (ver
Mateo 7:6). Él ciertamente estaba hablando figurativamente de cierta clase de
gente, refiriéndose a ellos como cerdos y perros, gente que no aprecia el valor
de las cosas santas o “perlas” que se les ofrecen. Naturalmente no son salvos.
Y ciertamente debemos juzgar si las personas son cerdos o perros, si es que
vamos a obedecer este mandamiento.
Más adelante,
Jesús les enseña a sus seguidores cómo juzgar a los falsos maestros
“lobos con piel de oveja” (ver Mateo 7:15), al ver el resultado de sus frutos.
Claramente, para obedecer las instrucciones de Jesús, debemos observar los
estilos de vida de la gente y juzgar.
Similar a esto, Pablo le dijo a los
Corintios:
“Más bien os escribí para que no os
juntéis con ninguno que, llamándose hermano, sea lujurioso, avaro, idólatra,
maldiciente, borracho o ladrón; con el tal ni aún comáis” (1 Corintios 5:11).
Para obedecer
esta instrucción se requiere que examinemos el estilo de vida de la gente y que
hagamos juicios acerca de ellos basados en lo que observamos.
El apóstol Juan
también nos dijo que nosotros podemos discernir fácilmente quién es de Dios y
quién es del diablo. Al observar los estilos de vida de la gente, es obvio
saber quién es salvo y quién no (ver 1 Juan 3:10).
Atendiendo a
esta realidad, el discernir el carácter de las personas examinando sus acciones
y luego juzgar si ellos son de Dios o del diablo, no necesariamente es juzgar a
los demás, que es la advertencia que Jesús nos dio. Entonces, ¿qué fue lo que
quería decir Jesús?
Nótese que Jesús
estaba hablando acerca de encontrar faltas pequeñas, paja en el ojo, del hermano (note que Jesús
usa la palabra hermano varias veces en este pasaje). Jesús no nos
estaba advirtiendo acerca de juzgar a la gente que no es creyente, observando
sus grandes faltas (tal y como Él nos va a instruir en el tema en este mismo
sermón). Al contrario, éstas son instrucciones de cómo los cristianos deben de
tratar a los cristianos. No deben buscarse las faltas pequeñas unos a otros, y
esto generalmente pasa cuando nosotros no vemos nuestras propias faltas graves.
En estos casos, esto es hipocresía. Como Jesús le dijo una vez a una audiencia
de jueces hipócritas, “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en
arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7).
El apóstol
Santiago, cuya epístola es paralela al Sermón del Monte, análogamente escribe,
“Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; el
juez ya está delante de la puerta” (Santiago 5:9). Tal vez esto también nos
ayuda a entender algo de lo que Jesús nos estaba advirtiendo: encontrar las
faltas de los otros hermanos para después quejarse unos de otros. Éste es uno
de los pecados más acentuados en la iglesia, y aquellos que son culpables de
esto, están en un lugar muy peligroso donde pueden ser juzgados. Cuando
hablamos en contra de otro creyente, descubriendo sus faltas ante otros,
estamos violando la regla de oro, porque no queremos que otros creyentes se
quejen de nosotros en nuestra ausencia.
Nosotros podemos
con amor amonestar a un compañero creyente por su falta, pero sólo cuando lo
podemos hacer sin hipocresía, seguros de no ser culpables (o más culpables) del
mismo pecado de la persona que confrontamos. Sin embargo, esto sería una
pérdida de tiempo si lo hacemos con un no creyente, lo que parece ser el
objetivo del verso siguiente. Jesús dijo,
“No deis lo santo a los perros, ni echéis
vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan y
os despedacen” (Mateo 7:6).
De la misma
manera, un proverbio dice, “No reprendas al escarnecedor, para que no te
aborrezca; corrige al sabio, y te amará” (Proverbios 9:8). En otro tiempo,
Jesús dijo a sus discípulos que se sacudieran el polvo de sus pies en protesta
contra aquellos que rechazaban el evangelio. Los “perros” se reconocen por su
falta de aprecio a la verdad, Dios no quiere que sus siervos pierdan su tiempo
en tratar de alcanzar a esta gente, en tanto que a otros no se les ha dado la
oportunidad de conocer el evangelio.
Motivación a la
Oración (Encouragement to Pray)
Finalmente,
llegamos a la última sección del cuerpo de este sermón de Jesús. Éste comienza
con unas motivaciones a la oración y a sus promesas:
“Pedid y se os dará; buscad y hallaréis;
llamad y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca,
halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su
hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una
serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros
hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los
que le pidan?” (Mateo 7:7-11).
¡Qué
interesante! Un lector en algún lado puede estar diciendo, “he aquí una parte
del Sermón del Monte que no dice nada acerca de la santidad”.
Todo esto
depende de lo que estamos pidiendo, tocando y buscando en oración. Como
aquellos que tienen “hambre y sed de justicia”, debemos obedecer todos los
mandamientos de Jesús en este sermón y esto ciertamente se reflejará en
nuestras oraciones. De hecho, el modelo de oración que Jesús nos enseñó
anteriormente en este sermón, es una expresión del deseo por la santidad y por
que se haga la voluntad de Dios.
Igualmente, la
versión de Lucas de esta misma oración y promesa en estudio, termina con, “Pues
si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos ¿cuánto
más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”
(Lucas 11:13). Jesús no estaba pensando en artefactos lujosos cuando nos
prometió “buenas dádivas”. En la mente de Jesús, el Espíritu Santo es una
“buena dádiva”, porque el Espíritu Santo nos hace santos y nos ayuda a difundir el evangelio lo cual
santifica a otra gente. Y los santos van al cielo.
Otras buenas
dádivas corresponden a cosas que están dentro de la voluntad de Dios.
Indiscutiblemente, Dios está más interesado en su voluntad y en su Reino, y por
esto debemos esperar que aquellas oraciones que sirvan para aumentar nuestra
utilidad en el Reino de Dios sean respondidas.
Una Declaración
en Resumen (A Summarizing
Statement)
Ahora llegamos a
un verso que debe ser considerado como una declaración que resume prácticamente
todo lo que Jesús ha dicho hasta este punto. Muchos comentaristas se pierden de
esto, pero es muy importante que no lo perdamos de vista. Este verso en
particular es en realidad una declaración que resume, pues comienza con las
palabras “así que”. Está, por lo
tanto, unido a las instrucciones previas, y la pregunta es: ¿Cuánto se resume
aquí de lo que Jesús ha dicho? Leámoslo y pensemos:
“Así que todas las cosas que queráis que
los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, pues esto
es la ley y los profetas” (Mateo 7:12).
Este verso no
puede ser un resumen de sólo los versos anteriores concernientes a la oración;
de otro modo, no tendría sentido.
Recuerda que al
principio de su sermón, Jesús había advertido acerca del error de pensar que Él
había venido a abolir la ley y los profetas (ver Mateo 5:17).
Desde ese punto
del sermón hasta donde estamos ahora, Jesús lo único que hizo fue apoyar y
explicar los mandamientos divinos del Antiguo Testamento. Así, ahora Él resume todas las cosas que
Él mandó, las cuales se derivan de la ley y los profetas: “Así que todas las
cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced
vosotros con ellos, pues esto es la ley y los profetas” (7:12). La frase, “la
ley y los profetas” conecta todo lo que Jesús dijo entre Mateo 5:17 y 7:12.
Ahora, cuando
Jesús comienza la conclusión de su sermón, Él reitera el tema principal una vez
más, sólo los santos heredan el Reino de Dios:
“entrad por la
puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la
perdición, y muchos son los que entran por ella; pero angosta es la puerta y
angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” ( Mateo
7:13-14).
Ciertamente, la
puerta angosta y el camino que lleva a la vida, por el cual entran pocos, es un
símbolo de la salvación. La puerta ancha y el camino que lleva a la
destrucción, el camino por donde va la mayoría, es símbolo de condenación. Si
todo lo que Jesús dijo anterior a este pasaje significa algo, si este sermón
tiene alguna progresión lógica, si Jesús posee inteligencia de comunicador,
entonces la interpretación más natural sería que el camino angosto es el camino
para seguir a Jesús, obedeciendo sus mandamientos. El camino ancho sería lo
opuesto. ¿Cuántos de los cristianos de hoy en día están en el camino angosto
que describe este sermón? El ministro formador de discípulos está ciertamente
en el camino angosto, y está dirigiendo a sus discípulos por el mismo camino.
Es confuso para
algunos cristianos el hecho de que Jesús no haya dicho nada acerca de la fe o
de creer en Él en este sermón,
donde Él sólo habla acerca de la salvación y la condenación. Sin
embargo, para aquellos que entienden la inseparable relación entre lo que creemos
y nuestra conducta, este sermón no será problema. La gente que obedece a Jesús
muestra su fe por sus obras. Aquellos que no le obedecen, no creen que Él es el
Hijo de Dios. No solamente es la salvación una indicación de la gracia de Dios
para nosotros, sino también la transformación que se ha dado en nuestras vidas.
Nuestra santidad es realmente su santidad.
Cómo Reconocer
los Falsos Líderes Religiosos
(How to Recognize False Religious Leaders)
Mientras que
Jesús seguía con su conclusión, a continuación Él advierte a sus discípulos en contra de los
falsos profetas que nos guían sin discernimiento por la vía que lleva a la destrucción. Estos son aquellos que
no son verdaderamente de Dios, pero se disfrazan como tales. Todos los falsos
maestros y falsos líderes están bajo esta categoría. ¿Cómo los podemos
identificar?
“Guardaos de los falsos profetas, que
vienen a vosotros vestidos de ovejas pero por dentro son lobos rapaces. Por sus
frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los
abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da malos
frutos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos
frutos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así
que por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”,
entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que
está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu
nombre hicimos muchos milagros?” Entonces les declararé: “Nunca os conocí.
¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!” (Mateo 7:15-23).
Claramente,
Jesús indicó que los falsos maestros son muy engañosos. Tienen algunas indicaciones
exteriores que los hacen parecer genuinos. Pueden llamar a Jesús su Señor,
profetizar, sacar demonios, y hacer milagros. Pero la “piel de oveja” sólo
esconde al “lobo rapaz”. Ellos no son las verdaderas ovejas. ¿Cómo se puede
saber si son verdaderos o falsos? Su carácter verdadero se puede identificar al
examinar sus “frutos”.
¿De cuáles
frutos estaba hablando Jesús? De seguro no son los frutos de los milagros. Al
contrario, son los frutos de la obediencia a todo lo que Jesús enseñó. Aquellos
que son verdaderas ovejas harán la voluntad del Padre. Aquellos que son falsos
“serán “hacedores de maldad” (7:23). Nuestra responsabilidad, es comparar sus
vidas con lo que Jesús mandó y enseñó.
Los falsos
maestros abundan en la iglesia de hoy, y no debemos de sorprendernos, porque
tanto Jesús como Pablo nos advirtieron que esto pasaría en los tiempos finales,
así que no debemos esperar nada distinto (ver Mateo 24:11; 2 Timoteo 4:3-4).
Los falsos profetas que más prevalecen en nuestros días, son aquellos que enseñan
que el cielo espera a los que viven sin santidad. Ellos son los responsables de
la eterna condenación de millones de personas. Acerca de ellos, John Wesley
escribe,
¡Qué terrible que es esto! cuando los
embajadores de Dios se convierten en agentes del diablo, cuando aquellos, a los que se le ha
comisionado el enseñar a los hombres el camino al cielo, en realidad enseñan el
camino al infierno.... Si yo preguntara, “¿Por qué, quién es el que hace
esto?.... Yo respondería que diez mil hombres sabios y honorables; aún todos
ellos, de cualquier denominación, que motivan al orgulloso, al estafador, al
apasionado, al amante del mundo, al hombre de placeres, al injusto y al que no
es amable, al fácil, al que no le preocupa nada, al inofensivo, a las criaturas
inútiles, al hombre que no sufre por la falta de justicia, diciendo que ellos
están camino al cielo. Todos ellos son los falsos profetas en el sentido más
alto de esta palabra. Han traicionado a Dios y a los hombres.... están
continuamente poblando el Reino de las tinieblas, y cuando sigan a las pobres
almas que han destruido, “el infierno se levantará de lo más hondo, para
encontrarlos cuando vengan”[13]
Como hecho
interesante, Wesley estaba hablando específicamente acerca de los falsos
maestros de los cuales Jesús nos advirtió en Mateo 7:15:23.
Nótese que Jesús
dijo claramente, contrario a lo que muchos de los falsos maestros dicen, que
aquellos que no llevan buenos frutos serán arrojados al infierno (ver 7:19).
Más aún, esto no sólo aplica a los profetas y maestros, sino a todos. Jesús
dijo, “No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el Reino de los
cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo
7:21). Lo que aplica para los profetas, aplica para todos. Éste es el tema
principal de Jesús, sólo los santos heredarán el Reino de Dios. La gente que no
obedece a Jesús, está destinada al infierno.
También note la
unión que Jesús hace entre lo que la persona es por dentro y lo que es por
fuera. El “buen” árbol produce buen fruto. El árbol “malo” no puede producir
buen fruto. La fuente del buen fruto que se muestra en nuestro exterior es la
naturaleza de la persona. Por su gracia, Dios ha cambiado la naturaleza de
aquellos que han creído verdaderamente en Jesús.[14]
Un Resumen y
una Advertencia Final (A Final Warning
and Summary)
Jesús concluye
su sermón con una advertencia final y un ejemplo para resumir. Como se debe
esperar, éste es una ilustración de su tema, sólo los santos heredarán el
Reino de Dios.
“A cualquiera pues, que me oye estas
palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó
su casa sobre la roca. Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y
golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre la
roca. Pero a cualquiera que me oye estas palabras y no las practica, lo
compararé a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Descendió
la lluvia, vinieron los ríos, soplaron los vientos y dieron con ímpetu contra
aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7:24-27).
La ilustración
final de Jesús no es una fórmula para tener “éxito en la vida” como algunos la
usan. El contexto nos enseña que Él no estaba dando un consejo acerca de la
prosperidad en nuestras finanzas durante los tiempos difíciles teniendo fe en
sus promesas. Éste es un resumen de todo lo que Jesús ha dicho en el Sermón del Monte. Aquellos que hacen lo que
Él dice son sabios y tendrán larga vida; ellos no tienen que temer la ira de
Dios cuando caiga. Aquellos que no le obedecen son ignorantes y sufrirán
grandemente “la pena de eterna perdición” (2 Tesalonicenses 1:9).
La Respuesta a una Pregunta (Answer to a Question)
¿Cabe acaso la
posibilidad de que el sermón del Monte de Jesús aplicara sólo a aquellos
seguidores de Él que vivieron antes de su sacrificio en la cruz y su
resurrección? ¿No estaban ellos bajo la ley como una forma temporal de
salvación, pero luego de que Jesús murió por sus pecados, fueron salvos por fe
y por esto se invalida el tema del sermón?
Ésta es una mala teoría. Jamás nadie ha
sido salvo por sus obras. Siempre ha sido por fe, antes y durante el antiguo
pacto. Pablo dice en Romanos 4 que ambos, Abraham (antes del antiguo pacto) y
David (durante el antiguo pacto) fueron justificados por fe y no por obras.
Además, era
imposible que cualquiera que estaba en la audiencia de Jesús fuera salvo por
obras, porque ellos habían pecado y se habían alejado de la gloria de Dios (ver
Romanos 3:23). Solamente la gracia de Dios los podía salvar, y sólo a través de
la fe se podía recibir esa gracia.
Desdichadamente, muchos en la iglesia de
hoy ven los mandamientos de Jesús con el único propósito de hacernos sentir
culpables, para así ver la imposibilidad de ganar la salvación por obras. Ahora
que ya hemos “entendido el mensaje” y hemos sido salvos por fe, podemos ignorar
la mayoría de sus mandamientos. A menos que, por supuesto, queramos que otros
sean “salvos”. Y así podemos sacar a la luz de nuevo los mandamientos para
enseñarle a la gente lo pecadora que es y así ellos serán salvos por “fe” la
cual está vacía de buenas obras.
Jesús nunca le
dijo a sus discípulos, “ve alrededor del mundo a hacer discípulos, y asegúrate
que ellos entiendan que con sólo una vez que ellos se sientan culpables,
entonces serán salvos por fe, y mis mandamientos ya cumplieron su propósito en
sus vidas”. Al contrario, Él dijo, “Por tanto id y haced discípulos a todas las
naciones... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado”
(Mateo 28:19-20, énfasis agregado). Esto es lo que los ministros formadores de
discípulos están enseñando.