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Eres bienvenido a copiar, imprimir, distribuir o transmitir estos documentos de cualquier forma, mientras que los documentos no sean para la venta,  no sean alterados y mantengan su significado original completo. © por David Servant

Capítulo Veintitres
Los Sacramentos

Cristo le dio a la iglesia sólo dos sacramentos: el bautismo en agua (ver Mateo 28:19) y la Santa Cena (ver 1 Corintios 11:23-26). Estudiaremos primero el bautismo en agua.

Bajo el Nuevo Pacto cada creyente debe experimentar tres bautismos diferentes. Estos son: El bautismo en el cuerpo de Cristo, el bautismo en agua, y el bautismo en el Espíritu Santo.

Cuando una persona nace de nuevo, automáticamente es bautizado dentro del cuerpo de Cristo. Esto quiere decir que esta persona llega a ser un miembro del cuerpo de Cristo, la iglesia:

"Porque por un sólo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo" (1 Corintios 12:13; ver también Romanos 6:3; Efesios 1:22-23; Colosenses 1:18, 24).

El ser bautizado en el Espíritu Santo es una experiencia subsiguiente a la salvación, y este bautismo puede ser y debe ser recibido por cada creyente.

Finalmente, cada creyente debe ser bautizado en agua tan pronto como sea posible luego de que se arrepienta y crea en Jesús. El Bautismo debe ser el primer acto de obediencia de cada nuevo creyente:

"Y les dijo: id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea será condenado" (Marcos 16:15-16, énfasis agregado).

La iglesia primitiva consideraba el mandamiento de Cristo acerca del bautismo como algo muy importante. Casi sin ninguna excepción, los nuevos convertidos eran bautizados inmediatamente después de su conversión ( ver Hechos 2:37-41; 8:12-16, 36-39; 9:17-19; 10:44-48; 16:31-33; 18:5-8; 19:1-5).

Algunas Ideas sin Fundamento Bíblico Acerca del Bautismo

Algunos practican el bautismo al rociar unas cuantas gotas de agua sobre los nuevos convertidos. ¿Es esto correcto? La palabra bautismo traducida al griego en el Nuevo Testamento es baptizo, que literalmente significa "sumergirse". Por lo tanto, aquellos que son bautizados en agua deben ser sumergidos en el agua y no ser simplemente rociados con unas cuantas gotas de agua. El simbolismo del bautismo cristiano, el cual estudiaremos, también apoya la idea de sumergirse.

Algunos practican el bautismo en los infantes, pero no hay ejemplos en la Escritura acerca del bautismo de un infante. Esta práctica tiene su origen en una falsa doctrina conocida como "regeneración bautismal” la idea de que una persona nace de nuevo en el momento en que es bautizada. La Escritura instruye claramente que las personas primeramente deben creer en Cristo antes de ser bautizadas. Por esto, los infantes que tienen la suficiente edad para arrepentirse y seguir los requisitos del bautismo, pueden ser bautizados, pero no los bebés o infantes menores.

Algunos dicen que aunque una persona crea en Cristo, no puede ser salva hasta que sea bautizada en agua. Esto no es verdad de acuerdo con la Escritura. En Hechos 10:44-48 y 11:17, leemos que la casa de Cornelio fue salva y bautizada en el Espíritu Santo antes de que alguno de ellos fuera bautizado en agua. Es imposible para cualquiera el ser bautizado en el Espíritu Santo y después ser salvo (ver Juan 14:17).

Algunos dicen que a menos que las personas sean bautizadas de acuerdo a su fórmula particular, no pueden ser salvas realmente. La Escritura no provee ningún ritual específico que debe ser seguido a la hora del bautismo. Por ejemplo, algunos dicen que un creyente no es salvo si ha sido bautizado "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19) en vez de "en el nombre de Jesús" (Hechos 8:16). Este tipo de gente muestra el mismo espíritu que dominaba a los fariseos, que colaban el mosquito y tragaban el camello. ¡Qué tragedia es cuando los cristianos debaten acerca de las palabras correctas para el bautismo en tanto el mundo espera para escuchar el evangelio!

El Simbolismo del Bautismo en la Escritura

El bautismo en agua simboliza muchas cosas que ya han ocurrido en la vida del nuevo creyente. Simplemente, esto significa que nuestros pecados han sido lavados y ahora estamos limpios delante de Dios. Cuando Ananías fue enviado a Saulo (Pablo) poco después de su conversión, Ananías le dijo:

"Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate, bautízate y lava tus pecados invocando su nombre" (Hechos 22:16, énfasis agregado).

Segundo, el bautismo en agua simboliza nuestra identificación con Cristo y su muerte, sepultura y resurrección. Una vez que nacemos de nuevo y formamos parte del cuerpo de Cristo, Dios nos considera "en Cristo" de aquí en adelante. Debido a que Él fue nuestro sustituto, Dios nos atribuye todo lo que Él hizo a nuestro favor. Así que "en Cristo" hemos muerto, hemos sido sepultados, y hemos resucitado de la muerte para vivir como nuevas personas:

"¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva" (Romanos 6:3-4).

"Con él fuisteis sepultados en el bautismo, y en él fuisteis también resucitados por la fe en el poder de Dios que lo levantó de los muertos" (Colosenses 2:12).

Cada nuevo creyente debe de ser instruido en estas importantes verdades cuando es bautizado en agua, y debe ser bautizado tan pronto como sea posible después de que cree en Cristo.

La Santa Cena

Esta cena tiene su origen en el Antiguo Testamento en la fiesta de la Pascua. En la noche cuando Dios liberó a Israel de la esclavitud de Egipto, Dios instruyó a cada casa para que sacrificara a un cordero de un año y pusiera su sangre en el dintel y en el quicio de las puertas de sus casas. Cuando el "ángel de la muerte" cruzaba la nación esa noche, matando a todos los primogénitos en Egipto, el ángel miraba la sangre en las casas de los israelitas y “pasaba de lejos”.

Además, los israelitas debían celebrar una fiesta esa noche al comer el Cordero de la Pascua y al comer pan sin levadura por siete días. Era una orden permanente para Israel, al celebrar la pascua cada año en la misma fecha (ver Éxodo 12:1-28). Obviamente, el cordero de la Pascua estaba representando a Cristo, quien es llamado "nuestra Pascua" en 1 Corintios 5:7.

Cuando Cristo instituyó la Santa Cena, Él y sus discípulos estaban celebrando la Pascua. Cristo fue crucificado durante esta fecha, verdaderamente cumpliendo con su llamado como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).

El pan que comemos y el jugo que bebemos son símbolo del cuerpo de Cristo que fue partido por nosotros, y su sangre que fue vertida para la redención de nuestros pecados:

"Mientras comían, tomó Jesús el pan, lo bendijo, lo partió y dio a sus discípulos, diciendo: Tomad, comed; este es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos, porque esto es mi sangre del nuevo pacto que por muchos es derramada para perdón de los pecados. Os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre" (Mateo 26:26-29).

Pablo contó esta historia de esta forma:

"Yo recibí del Señor lo que también os he instruido: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan: y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Así mismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí. Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga" (1 Corintios 11:23-26).

Cuándo y Cómo

La Escritura no nos dice con qué frecuencia tenemos que participar de la Santa Cena, pero es claro que en la iglesia primitiva se hacía regularmente en las iglesias en las casas como una comida completa (ver 1 Corintios 11:20-34). Debido a que la Santa Cena tiene sus raíces en la Pascua, era parte de una cena completa cuando Cristo la instituyó y era una cena completa para la iglesia primitiva, por lo que hoy en día debería ser también una cena completa, en vez de seguir “las tradiciones de los hombres”.

Debemos realizar la Santa Cena con reverencia. Pablo instruyó que era una gran ofensa el tomar la santa Cena de forma inapropiada:

"De manera que cualquiera que coma este pan o beba esta copa indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre de Cristo. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa. El que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo de Cristo, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos han muerto. Si, pues, nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; pero siendo juzgados, somos castigados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo" (1 Corintios 11:27-32).

Se nos exhorta a examinarnos y juzgarnos a nosotros mismos antes de tomar la santa cena, y si descubrimos cualquier pecado, debemos arrepentirnos y confesarlo. De lo contrario, podemos ser “culpables del cuerpo y la sangre de Cristo”.

Debido a que Cristo murió y dio su sangre por nuestros pecados, ciertamente no queremos tomar los elementos que representan su cuerpo y su sangre indignamente, si tenemos algún pecado sin confesar. Si lo hacemos, podemos comer juicio sobre nosotros por medio de enfermedades y muerte prematura, como les ocurrió a los Cristianos de Corinto. La forma para evitar la disciplina de Dios es el “juzgarnos a nosotros mismos”, y esto quiere decir, conocernos y arrepentirnos de nuestros pecados.

El principal pecado de los cristianos de Corinto fue su falta de amor; ellos discutían y peleaban los unos con los otros. De hecho, su falta de consideración se manifestaba durante la Santa Cena cuando unos comían mientras otros tenían hambre y algunos se emborrachaban (ver 1 Corintios 11:20-22).

El pan que comemos representa el cuerpo de Cristo, el cual es ahora la iglesia. Participamos de un bollo de pan, que representa la unidad del cuerpo como un sólo cuerpo (ver 1 Corintios 10:17). ¡Qué crimen es participar de aquello que representa el cuerpo de Cristo y, a la vez, involucrarnos en peleas y discusiones sin armonía con otros miembros del cuerpo! Antes de tomar la Santa Cena, debemos tener la certeza de que tenemos una buena relación con nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

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